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Jimena Castañeda: «Mi papá me transmitió el amor por la naturaleza y eso me definió como ingeniera agrónoma»

Compartir un vino con la familia es una oportunidad única para hablar sobre el pasado, presente y los desafíos futuros. Y esos momentos, de distensión, de reflexión, luego se convierten en recuerdos que permanecen para siempre.

En el caso de Jimena Castañeda, ingeniera agrónoma y Gerente Agrícola del grupo de bodegas de Molinos, que abastece de uvas a Nieto Senetiner, Ruca Malén y Cadus, cada vez que descorcha un vino junto a su papá Ernesto, el tiempo parece retrotraerse a aquellos años en que, de chica, veraneaba con su familia en Potrerillos.

Allí, él le transmitió su pasión por la naturaleza. Contemplar el paisaje imponente, descifrar las diferencias aromáticas de las distintas hierbas autóctonas que allí crecen y hasta maravillarse por los más pequeños y sutiles detalles, eran algunas de las actividades que compartían juntos en esos largos días bajo el sol mendocino.

«Mi pasión por la agronomía nació, sin tener mucha conciencia, desde chiquita. Siempre fui mucho a Potrerillos con mi familia, una zona hermosa, cercana a la montaña, donde mi papá me enseñó mucho el amor por la naturaleza, por el aire libre. Tengo recuerdos muy vívidos de esa etapa… era un momento de felicidad plena. Allí, mi papá me enseñó a andar a caballo y hacíamos cabalgatas con la familia y amigos. Pasar un mes de vacaciones allá era como una caricia al alma. Toda esa naturaleza me alimentaba y fue un despertar, porque entendí que las cosas sencillas, chiquitas, al mismo tiempo pueden tener un significado enorme», explica Jimena, que se recibió en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Cuyo y que trabaja hace 16 años en Molinos.

«Todo esto -agrega Jimena, en diálogo con iProfesional junto a su papá Ernesto- me definió como ingeniera agrónoma. Porque cuando me tocó elegir una carrera, siempre pensé que quería hacer algo donde no estuviese encerrada en una oficina. Siempre quise tener pleno contacto con la naturaleza, con las plantas, con la biología en sí misma».

-¿Cómo era Jimena de chica Ernesto? ¿Notaste una conexión con la naturaleza desde temprano?

-Desde que nació, Jimena pasó todo el tiempo junto a nosotros en Potrerillos, como ella misma contó, rodeada de naturaleza. Siempre me acuerdo que de bebé, dormía largas siestas junto a su madre bajo la sombra de un sauce, escuchando el canto de los pájaros. Todo ese entorno lo fue absorbiendo desde chiquita. Como decía un amigo mío: «en Mendoza trabajamos y en Potrerillos vivimos». Y ahora que ella es más grande seguimos disfrutando de ese mismo lugar y lo lindo es que ahí compartimos largas sobremesas, hablando de todo, de la vida, de lo bueno, de lo que nos preocupa…

-Jimena, ¿qué valores te transmitió tu papá a través de los años?

-Mi papá me transmitió valores lindos y muy profundos. El primero y principal para mí es la honestidad. Pero también, la responsabilidad, el sentido del esfuerzo, del trabajo, del compromiso. Además, todas estas vivencias que tuvimos de vacaciones, de tantos días seguidos en el campo, cerca de la montaña, me transmitió mucho ese amor por la montaña. Y, como contaba, sentir que las cosas simples para nosotros eran realmente grandes, importantes; desde mirar una flor chiquita del campo, hasta escuchar el ruido del viento, el canto de los pájaros o percibir el aroma a tomillo, tan característico de la zona. Son todos estímulos que agudizan los sentidos. Mi papá me enseñó a interpretarlos y valorarlos como grandes tesoros.

Jimena descubrió su pasión por la naturaleza desde muy chica junto a su padre

-¿Y cuánto de todas esas enseñanzas aplicás en tu día a día al recorrer los viñedos donde nacen los vinos de Nieto Senetiner, Ruca Malen y Cadus?

-Diría que todos esos valores y esa forma de interpretar la naturaleza me llegaron a lo más profundo y determinaron la elección de la carrera, que la disfruto y la vivo con pasión. Es más: cada vez que visito un viñedo me recorren esas mismas sensaciones. Para mí es fascinante poder interpretar el gusto de las uvas desde los racimos y ver cómo, a partir de una serie de transformaciones químicas, esa fruta se convierte en vino. También, algo muy importante y que no quiero dejar de mencionar, es que mi papá me transmitió la importancia de las relaciones humanas y esto es clave al tratar con productores de uvas, con quienes entablamos un fuerte compromiso. Y es algo mutuo: tanto de mí como de mi equipo hacia esos productores, como de ellos hacia nosotros. Este factor humano y el hecho de haber construido relaciones profundas es una de las claves para producir buenas uvas y poder elaborar grandes vinos.

-Hablando de vinos, ¿qué lugar ocupaba y ocupa en la mesa familiar?

Ernesto: -El vino era algo cotidiano en la mesa de mi casa, y estoy hablando de cuando era joven. Comprábamos el vino común, en damajuana de diez litros. Íbamos a buscarlo a las mismas bodegas que producían. Y era un buen vino. Todos los días, con el almuerzo y la cena se tomaba una copita de vino frugal. Actualmente, hay más variedades, se estudia mejor el terroir y se educa el paladar de otra manera, pero igualmente recuerdo que en mi casa se tomaba buen vino.

Jimena: -En mi caso, una vez que elegí la carrera y que entré al mundo vitivinícola, fui contagiando la pasión por descubrir los secretos de un vino: de qué zona provenía, con qué uvas se había hecho, por qué un vino era de una determinada manera. Y así fue como las mesas familiares pasaron a ser un espacio para compartir vinos y conocimiento.

-¿Y qué es lo más lindo de compartir un vino propio con tu papá y tu familia?

-Creo que lo más lindo de compartir un vino con mi familia, sobre todo con mi papá, es eso: poder contarles a través de una bebida, en qué consiste mi trabajo. El vino tiene tanto por detrás, tanto trabajo, tanto equipo, tanto esfuerzo, tanto conocimiento y también, mucho de la entrega de cada uno de los productos que se sacrifican año tras año para conseguir esas uvas y que confían en nosotros para elaborarlas. En definitiva, compartir un vino con mi papá es mostrarle lo que hago yo pero junto a un gran equipo que pone todo su esfuerzo detrás de cada botella.

-¿Cuál es tu cepa favorita Ernesto? ¿Y cuál es el estilo de vinos que más disfrutás?

-Aparte de probar vinos, me gusta mucho comer uva y la que más me gusta es la Moscatel Rosada. Y entre los vinos, me gustó siempre el Cabernet Sauvignon pero también, en los últimos años, he ido tomando más Malbec.

Jimena con su papá Ernesto, durante una de sus largas vacaciones en Potrerillos

-¿Y en tu caso Jimena? ¿Qué variedad te gusta trabajar más en el viñedo?

-Todas las variedades de uva tienen sus desafíos, ¿no? Las variedades blancas, son generalmente más compactas y cuesta más que lleguen sanas a cosecha. Las variedades tintas hay que esperarlas más, porque se cosechan más tarde. Entonces, también tienen una dinámica especial, una fisiología más tardía. Y también lo que me gusta de las tintas es esa conversión del color, que uno ya lo ve desde el racimo y después lo ve en la copa. Si me tuviese que decidir por alguna, diría que las cepas tintas son las que más me llaman la atención por lo desafiante, por la espera, por los distintos perfiles que se pueden obtener. También es muy mágico el proceso para obtener espumantes, porque a partir de un vino base, luego hay que hacer una segunda fermentación con la que se obtiene gas carbónico, y ahí entra a jugar el arte del enólogo, definiendo el tamaño de las burbujas y buscando la elegancia.

-¿Qué sentís Ernesto cuando probás un vino concebido desde el viñedo por tu hija?

-Bueno, probar un vino en el que mi hija haya participado en su elaboración tiene un significado muy especial. Además del sabor propio del vino, hay un sabor muy preciso que solamente lo puede comprender el padre de una ingeniera agrónoma. Esa experiencia es prácticamente intransferible y muy difícil explicar a quien no la atraviesa personalmente.

-¿Recuerdan el último vino que compartieron?

Jimena: -Creo que el último vino que compartimos fue un Cabernet Sauvignon de Nieto Senetiner. Me gusta en cada una de las reuniones familiares, no solamente llevar esa variedad o Malbec, sino también mostrar otras cepas u otros tipos de vinos, incluyendo rosados y espumantes. Mi idea es mostrar la diversidad de la vitivinicultura argentina.

-Jimena, ¿qué vino elegiste para disfrutar en esta fecha tan especial como es el Día del Padre?

-Para este día el padre, creo que amerita un Don Nicanor Barrel Select Malbec, haciéndole honores a la palabra «don», por mi papá, que es un gran señor, que se merece el mejor premio para este día del padre y el mejor abrazo. Y hablando de hacer los honores, además de mi papá, también es un buen momento para pensar en nuestros antecesores y en todos los que han hecho posible, con mucho esfuerzo, con grandes valores y con honestidad, que la Argentina vaya para adelante y que la industria vitivinícola progrese. Por mi papá y todos ellos, hoy levanto mi copa.

Don Nicanor Malbec, el vino que Julieta compartirá este Día del Padre

Este 2023, Bodega Nieto Senetiner y Cadus proponen dos opciones especiales para compartir y disfrutar en familia:

Nieto Senetiner Patrimonial Malbec DOC 2020

De color intenso, con reflejos violáceos, expresa frutos rojos como cerezas y ciruelas, confituras y violetas. En boca se presenta con taninos dulces, entrada suave y largo final. Se trata de un vino armónico y elegante. Es añejado en madera durante doce meses.

Precio sugerido: $3.600

Cadus Appellation Tupungato Malbec 2020

Vino de intenso color violáceo. En nariz, expresa notas minerales como grafito y gran intensidad aromática de frutas rojas ácidas como frambuesa, cereza y grosella, además de notas herbales frescas típicas de la región y algunas flores como la lavanda. En boca presenta buen volumen y concentración, combinado con una excelente acidez y tensión de taninos. Su final es largo, elegante y fresco.

Precio sugerido: $8.500

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