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La madre de Loan: «La confusión es total, pero mi nene es fuerte y está vivo»

La tristeza se palpa en cada callecita de 9 de Julio, pueblo correntino de tres mil habitantes, conocido por la desaparición, hace una semana, de Loan Peña, que recién había cumplido los cinco años. «De a poco la gente está tomando temperatura, parece que nos toman el pelo. ¿Cómo pudo pasar esto aquí?», se pregunta Abuncio, veterano que atiende un almacén de ramos generales sobre la calle Belgrano. «La gente de aquí es muy tranquila, hasta que deja de serlo. Pero prefiero no hablar, las cosas que se escuchan aquí son irreproducibles», acomete Nadia, que atiende un kiosco-bar sobre la Ruta Nacional 123.

Media tarde templada y húmeda de jueves, el equipo de Clarín está intentando llegar a la casa de Loan. Atentos, los vecinos intentan ayudar, pero no son sencillas las coordenadas. «Seguí por la ruta quinientos metros, doblás a la derecha, hacés otros trescientos metros hasta que empieza la calle de ripio. Luego vas a ver unas casas con tejido de alambre al frente, después de la tercera o la cuarta casa, la de Loan es donde hay un techo de plástico celeste». Increíblemente llegamos. En la puerta, como haciendo guardia, está Mariano Peña, el hermano mayor, que después de la presentación de rigor nos deja pasar.

«Se hace muy difícil todo, no hay ánimo para hablar», trata de disuadir el contacto con este medio, pero sale María Noguera, la mamá de Loan, visiblemente demacrada. «Hace días que no duermo, no doy más, ya no sé qué pensar, estoy confundida, pero veo a todos confundidos, a las autoridades y a los vecinos también». Mariano, su hijo la abraza. «No descartamos nada, no queremos ponernos en contra de nadie, confiamos y desconfiamos, porque Loan no aparece, pero no podemos hablar mucho».

Estamos en la casa donde María vive con su marido José Peña hace 17 años. Tuvieron ocho hijos, Loan es el más chiquito y el único que nació en Goya, a 80 kilómetros de 9 de julio. Mariano habla de la fe y la esperanza que tienen en recuperar vivo a su hermanito, mientras la mamá mira de fondo a la virgen de Itatí, la patrona del pueblo. «Confiamos mucho en nuestra protectora, pusimos velas, santitos, estampitas y fotos de nuestro angelito, que tiene que volver a casa».

María, la mama de Loan, en el medio, rodeado de hijos y sobrinos en su casa de la calle Córdoba, en el barrio Chaquitos. Foto Fernando de la Orden / Enviado especialMaría, la mama de Loan, en el medio, rodeado de hijos y sobrinos en su casa de la calle Córdoba, en el barrio Chaquitos. Foto Fernando de la Orden / Enviado especialCircunspecto, rostro anguloso, Mariano también transmite una tristeza indescriptible. «Creímos que iba a aparecer, pero esto se agigantó, pasó una semana y no hay novedades, y la carátula no se modifica, sigue siendo desaparición de persona y la que está a cargo es la justicia ordinaria, no sé qué decir. Los rastrillajes siguen, pero quizás es otra cosa». ¿Un secuestro?, se le consulta. Madre e hijo arquean las cejas, no pueden hablar por expreso pedido de su abogado. Se advierte que están acotados a la hora de expresarse.

Un par de horas atrás, el Ministerio Público de Corrientes emitía un comunicado previsible. «Por ahora es abandono de persona, pero esa figura puede agravarse. Ante la falta de localización del niño y aunque aseguran que su búsqueda no se interrumpirá e incluso se ampliará, los fiscales creen que por lógica y sentido común debe considerarse la posibilidad de que Loan haya sido víctima de un rapto y por eso se está trabajando con la PROTEX (Procuraduría de Trata y Explotación de Personas) del Ministerio Público de la Nación».

María Noguera, mamá de Loan Peña, y Mariano su hermano mayor atienden a Clarín en su casa. Foto Fernando de la Orden / Enviado especialMaría Noguera, mamá de Loan Peña, y Mariano su hermano mayor atienden a Clarín en su casa. Foto Fernando de la Orden / Enviado especialLos fiscales Guillermo Barry y Juan Carlos Castillo, no obstante, siguen trabajando sobre dos hipótesis, pero sin descartar ninguna otra, mientras aguardan el resultado de pericias clave como el barrido de antenas de celulares, el análisis de los dispositivos secuestrados y las pruebas de luminol en dos vehículos.

María y Mariano se esfuerzan por creer en el buen rumbo que tomaron las autoridades. «Mi nene se perdió en diez minutos y hace una semana que no aparece. No me cierra. Yo me enteré que se había perdido antes de las tres de la tarde del jueves de la semana pasada y un ratito después de las cuatro ya estaba en al casa de Doña Catalina, la abuela. Lo buscamos, le gritamos, ¡cómo no va a aparecer! Tendría que haber gritado ‘mami, mami‘, tendría que haber llorado. Nunca escuchamos nada, todo era silencio, un silencio desesperante».

El santuario que le armaron a Loan con la Virgen de Itatí. El santuario que le armaron a Loan con la Virgen de Itatí. «Sólo queremos volver a tenerlo en casa». Foto Fernando de la Orden / Enviado especialBaqueana, conocedora de la geografía escarpada de 9 de Julio, María, sin decirlo, empezó a sospechar que Loan se hubiera perdido. «¿Un secuestro? No sabemos qué pensar, acá en el pueblo no pasan estas cosas«. Rostro de gestos rígidos, su mirada apunta hacia abajo. Se levanta y se mete en la casa, y sale rápido y muestra la cartulina que preparó para la marcha del jueves a la noche. «Queremos que Loan aparesca. Justicias por Loan» (sic).

En la casa la ausencia de Loan pesa toneladas. «Yo extraño que me pelee, porque conmigo siempre peleaba… Yo trataba de ponerle límites y él siempre se retobaba, redoblaba la apuesta, le encantaba desafiar y hacía todo lo que no debía», describe Mariano utilizando el pasado, mientras mira una bicicleta roja que está en piso, tal como la dejó el nene la última vez que anduvo. A metros del umbral de la casa, hay tres amigos con las remeras de River, Boca y la Selección. «¿Va a volver Loan?», pregunta el de River a este cronista. «Todas las pasamos a buscar para ir a jugar a la pelota a la canchita de allá», dice el de Boca. «Juega re bien, siempre hace goles», tira el de la remera albiceleste.

Nos invitan a pasar dentro de la casa y muestran la pieza de Loan. «Así quedó su camita y al lado tiene su juguete preferido, un acordeoncito con el que le encantaba hacer ruido… No lo puedo creer. Acá al lado dormimos con José, bah, dormir, no duermo. Y pegadito a Loan duerme Antonella, la única nena, porque los otros sietes son varoncitos. Confío en el chiquito, siempre fue astuto, vivo… Si se perdió, tiene que estar vivo… si se perdió«.

Nos vamos de la humilde casita de material y techo de chapa. Hay más chicos que curiosean y que, al ver tanto movimiento, buscan novedades. «¿El partido de la Selección? No, en este momento queremos ir a la marcha y exigir por la aparición de Loan», exclama contundente un adolescente.

Corrientes. Enviado especial

MG

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