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¿Por qué MasterChef, que es lo más visto de la TV, no logra el rating de Gran hermano, a la misma hora y por el mismo canal?

Si bien es cierto que nadie sabe, con rigurosidad, si un programa va a ser un éxito o un fracaso, hay un escenario previo que permite imaginar por qué carril puede transitar: el de los contenidos, los nombres, la franja horaria, el canal. Bueno, MasterChef llegó para hacer la posta con Gran hermano y cosechar laureles similares, pero a Telefe no le dio los mismos resultados.

¿Estaba en los planes? Pues no. El reality de cocina no sólo venía con un gran envión de audiencia construido en la pandemia con su versión Celebrity, sino que desde fines de marzo iba a ocupar el espacio caliente que le dejaba un exitoso GH, lo más visto, lejos, del 2022 y de este año.

Ahora, bien, ¿le va mal a MasterChef? No, en absoluto. De hecho es el programa más visto de la televisión abierta desde abril (va de lunes a jueves a las 23, y los domingos, con la gala de eliminación, a las 22.30).

Aquiles y Nacho, de MasterChef: el rubio pinta como candidato, con un estilo interesante y provocador, el otro quedó eliminado.

Aquiles y Nacho, de MasterChef: el rubio pinta como candidato, con un estilo interesante y provocador, el otro quedó eliminado.
Pero, sin que haya habido una notable caida de encendido, el envío que comanda Wanda Nara merodea los 11 o los 12 puntos diarios, contra los 20 de promedio (o más) que marcaba el reality del encierro, y con emisiones más extensas, cosa que podría haberle jugado en contra porque competía contra más de uno y sus picos, en el minuto a minuto, se licúan más.

Las preguntas del millón

¿Entonces MasterChef es malo? No. Ni MasterChef es «malo» ni GH era «excelente». Sólo que a uno le va bien, en la sencillez del conjunto que es la TV, y al otro le iba bárbaro. Quizás, una de las razones pase porque, el ciclo que conducía Santiago del Moro se emitía en vivo, con escenas del encierro grabadas durante las 24 horas. Y el vivo siempre ofrece la chance de la sorpresa, del imprevisto.

Alfa no ganó

Alfa no ganó «GH», pero se convirtió, sin dudas, en el personaje más televisivo del certamen. Su prensencia generaba rating.
Y el de gastronomía no sólo no va en vivo, sino que, al tener emisiones más cortas que antes, peca de un exceso de edición, por lo cual el espectador debe imaginarse más de lo que ve. O reconstruir a partir de las confesiones que los participantes hacen a cámara, a modo de descargo. Y eso termina restando.

Nadie puede garantizar nada, pero una pizca de vivo en una mesada de un cocinero amateur podría conquistar más audiencia que un compilado editado que primero te muestra a un participante caótico, con avellanas, limones o repasadores por el piso, sin tiempo de emplatar, y a los dos segundos lo ves impecable, con el plato hermoso y el piso como si nada. Y eso también resta.

Obviamente que los contenidos no son comparables, porque una cosa es ver qué hacen 18 personas encerradas en una casa hermosa, con el micrófono encendido y con cámaras hasta en el baño -y otras capaces de mostrar lo que sucede en la oscuridad- y otra es tener a 16 aspirantes a chefs, que saben de cocina -pero no tanto como los tres popes del jurado-, que por momentos generan empatía con el espectador y por momentos se zambullen en un universo gourmet alejado de los bolsillos y la capacidad resolutiva de la mayoría.

Sobre el final de

Sobre el final de «GH», los jurados de «MAsterChef» se metieron en la casa, para calentar la posta.
Siempre quedó en claro que MasterChef no busca ser un programa de recetas, pero con el correr de la competencia se podía ir aprendiendo, tanto de los logros, como de los fracasos culinarios. Un qué no hay que hacer nunca en una cocina es un dato de MasterChef que se extraña.

En ensayos caseros de redacción para intentar descubrir por qué este reality no mide tanto como los anteriores, más de uno apuntó contra Wanda Nara como reemplazante de Del Moro, que es quien conducía las galas en su paso previo a GH. Pero lo cierto es que, superados los nervios de las primeras emisiones, la ex rubia supo encontrarle la vuelta a ese eslabón entre la exigencia del jurado y la emocionalidad de los participantes.

Es más, Wanda no sólo no desentona, sino que aquí encontró su mejor versión televisiva, alejada de algunos desbordes que tenía como «investigadora» en ¿Quién es la máscara?, el big show que Telefe puso luego de La Voz argentina y que no le funcionó nada. Fue un mal paso para la carrera de Natalia Oreiro, que era quien presentaba a los famosos escondidos bajo los disfraces. La remó, fiel a su estilo, pero el programa no llegó a buen puerto.

El árbol y el bosque

También, para analizar la suerte echada por determinado programa, es bueno meter ese árbol en medio del bosque: y en el nuevo bosque del prime time (franja de 20 a medianoche), se consolidó Los 8 escalones del millón, el atractivo ciclo de preguntas y respuestas que conduce Guido Kaczka (de 21.30 a 23.15) y que es, cómodo, lo más visto de El Trece, pisándole los talones a MasterChef.

De hecho, este miércoles, el reality de cocina lideró con 11,2 puntos, mientras que el programa que entrega 3 millones de pesos diarios alcanzó los 10,8, para posicionarse segundo en el día, relegando al tercer escalón al culebrón brasileño Pantanal, con 9,9 puntos.

¿Cambió la conducta del espectador, el formato gastronómico no tiene sorpresa o la curiosidad por lo ajeno sigue siendo imbatible? Quién lo sabrá con exactitud… Lo cierto es que, frente al avance del streaming, la TV abierta resiste reformulándose y sorprendiendo en el día a día, sin dar demasiadas explicaciones, aunque siempre intentaremos averiguarlas.

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