Una mirada a las últimas composiciones breves de Ludwig van Beethoven, su estructura cíclica y la interpretación filosófica de Theodor Adorno sobre el estilo tardío del compositor.
El análisis de las Bagatelles Opus 126 de Ludwig van Beethoven es arduo, incluso para quien lo emprende de modo aproximativo y con recursos de aficionado. La bagatelle, una “pieza de carácter” que emergió con fuerza en el siglo XIX, fue ampliamente utilizada en el Romanticismo para composiciones ligeras y rápidas. Sin embargo, estas piezas breves son complejas musicalmente y suponen una exigencia técnica para su interpretación.
El Opus 126 fue compuesto en 1825 y publicado en 1826, mientras Beethoven trabajaba en la Missa Solemnis, la Novena Sinfonía y los últimos Cuartetos de Cuerda. Edward Cone, en su estudio Beethoven’s Experiments in Composition (1977), señala que Beethoven valoró estas bagatelles como “de lo mejor que he compuesto”. Las seis piezas forman un ciclo unificado, en lo que el compositor llamó “Ciclus von Kleinigkeiten”, basado en un ciclo de tercera mayor.
Esta forma compositiva se relaciona con la Sinfonía Nº 3 “Eroica” (1802-1803) y el Cuarteto de Cuerdas Nº 12, Opus 127 (1825). El filósofo Theodor Adorno, en su ensayo de 1937 y en sus cuadernos de notas, sostiene que en el estilo tardío de Beethoven se encuentra la primera rebelión de la música contra la ornamentación superflua. Adorno afirma que el clasicismo “se pulveriza en fragmentos” y que estas obras representan “catástrofes” en el sentido de una ruptura con la armonía clásica.
