El gobierno se propone redoblar sus esfuerzos para aplicar un nuevo ataque en los bolsillos de los trabajadores, en este caso metiendo un nuevo cepo a las paritarias. En un contexto donde la inflación amenaza con instalarse en el orden del 3% mensual, para sorpresa de nadie, la CGT vuelve a tranzar con los pedidos del Ejecutivo.
La situación económica del gobierno no es para nada prometedora de acuerdo a lo que esperaban con el plan de Caputo y compañía. Las limitaciones propias del programa y las presiones externas, generadas por la guerra en Irán, hacen que uno de los pocos pilares de su discurso, el de la baja inflación, comience a entrar en crisis. Para intentar sostener esta máxima, Luis Caputo vuelve a aplicar un nuevo cepo para las negociones paritarias.
La mano pro patronal dada por el gobierno, a través de la reforma laboral esclavista, todavía no alcanza. Ahora con los dictados de Caputo y de la Secretaría de Trabajo, el paso a seguir es la aplicación de un nuevo techo paritario ubicado en el 2% mensual. Con una inflación que hace nueve meses viene en sentido ascendente, prometiendo superar el 3% en los próximos meses, el gobierno arma una nueva táctica para atacar nuevamente los ingresos de los trabajadores. No hay que olvidar que esto es la continuación de la política paritaria que ya en 2025 el gobierno libertario venía aplicando, con un techo en el 1%. Vale aclarar que este aumento en el porcentaje entre 2026 y 2025 no produce ninguna mejora, porque ningún sueldo le ha podido hacer frente al derrotero inflacionario de la gestión mileísta.
Frente a esta medida anunciada por la cartera a cargo de Julio Cordero y en tándem con los pedidos de Caputo, ya empiezan a conocerse las primeras traiciones de la burocracia sindical. Uno de estos casos es Camioneros. El gremio que tiene a uno de los triunviros de la CGT ya puso el gancho para aceptar esta paritaria a la baja. El sindicato dirigido por Hugo Moyano ya se encargó de aceptar el pedido del oficialismo y acordó el siguiente diagrama para los sueldos, arrancando con un 2% en marzo, 1,8% en abril, 1,7% en mayo, 1,6% en junio, 1,5% en julio y 1,5% en agosto. Un esquema que pierde directamente con el 2,9% anotado en febrero y con la amenaza de que marzo supere la línea del 3%.
Pero Camioneros no es el único sindicato que pactó con la línea del gobierno. Como buen alumno que es de las órdenes de Milei, el gremio comandado por Andrés Rodríguez, UPCN, ya negoció contemplando una suba del 2,5% en enero, un 2,2% en febrero y a partir de marzo el esquema quedaría de la siguiente manera, sumando en marzo un 2%, en abril un 1,7% y en mayo un incremento del 1,5%. Además, el gremio de los estatales de la CGT cobrará un bono no remunerativo de $40.000.
Lo próximo en la agenda de negociaciones ya ubica las discusiones con la UOCRA, Comercio y la UOM. Pero la dinámica será la misma, debiendo adaptarse a los límites que impone Caputo para homologar las paritarias y como máximo discutir mes a mes los aumentos dentro del cepo o negociar alguna mísera suma no remunerativa o bonos extraordinarios.
El nivel de entrega de la burocracia sindical viene anotándose récords para esta época. Desde la llegada de Milei al poder, todas las direcciones burocráticas han pactado continuamente con el gobierno y con las patronales. El derrotero de estos personajes tuvo como punto de traición máxima la pasividad impuesta a la hora de enfrentar una reforma laboral de un carácter antiobrero casi inédito. Negándose al llamado de paros generales, a la construcción de un plan de lucha con continuidad y teniendo como única pantomima la judicialización de las leyes, estas direcciones están más que caducas.
La clase trabajadora necesita de otra conducción sindical que deje de lado a todas estas direcciones y donde las bases jueguen un rol central en las deliberaciones a la hora de construir un verdadero programa que enfrente a los ataques de este gobierno. La clase trabajadora necesita divorciarse de estos dirigentes y que, desde los activistas independientes, los sectores combativos y los sindicatos de izquierda pongan en pie una nueva alternativa sindical en donde las herramientas fundamentales de la clase obrera se utilicen para terminar con este gobierno ajustador. Ejemplos de estos modelos sindicales capaces de anotarse victorias contra el gobierno libertario ya existen. El caso de la APyT del Garrahan es de los ejemplos más enriquecedores que muestran cuál es la hoja de ruta a adoptar para terminar con todos los embates antiobreros. Es fundamental poner en marcha la discusión de una nueva central que deje de lado todas las mañas de la vetusta burocracia sindical enquistada en las principales centrales obreras de este país.
