– En ‘Los textos robados a la felicidad’, ¿cuál considera que es la idea central que quiere transmitir al lector?
-Lo fundamental es entender que la felicidad no es solo alegría o éxtasis, sino poder tratar con lo que la vida ofrece, sea del signo que sea, y con ello producir sentido. Felicidad y sentido vienen a ser la misma cosa. Somos seres que necesitan sentido para vivir y a los que no resulta fácil encontrarlo. Cuando eso pasa, sentimos que la existencia es plena.
– ¿Por qué eligió los textos clásicos para abordar temas tan actuales como el miedo, la pérdida o el duelo?
-Nosotros tenemos unas fuentes culturales de origen griego y hebreo en las que nos hemos basado para construir nuestras ideas de individuo, de mundo y de comunidad. Con el tiempo se han ido deformando o directamente falseando, volviéndose inútiles para poder entender el mundo y lo que nos pasa con él. Ni el miedo ni la pérdida son temas actuales, sino lo más antiguo que uno pueda imaginar. Creo que la literatura antigua nos enseña a saber cómo tratar con ellos.
– ¿Qué criterio siguió para seleccionar las 22 historias que componen el libro?
-A lo largo de mis más de 40 años de docencia, hay unos temas que se han ido volviendo recurrentes y que, por razones no siempre conocidas, han ido apareciendo regularmente en las discusiones con mis alumnos, colegas y amigos. Son los que he seleccionado para este libro. Digamos que son el corazón del corazón de la vida, tal como yo la entiendo.
– Su libro propone la posibilidad de “vivir sin miedo”. ¿Lo entiende como un objetivo realista o como un proceso de aprendizaje?
-Hay muchas clases de miedo. Hay un miedo concreto ante una amenaza real que es necesario para poder sobrevivir. Luego, hay otros miedos que están inspirados en los modelos de comunicación humana y que tienden a crearnos imágenes fantasiosas de las cosas. Y luego están los otros miedos, los que solo existen en nuestra mente y que creamos nosotros mismos. Lo que muestra mi libro es cómo deshacernos de los miedos falsos y cómo enfrentarnos a los verdaderos, a los que importan. Gracias a eso no solo sobreviviremos, sino que viviremos en paz y con dignidad.
Alejandro Gándara, premio de Ensayo Eugenio Trías 2025 / JEOSM / COR_EXTERNAS
– ¿Qué papel cree que puede desempeñar hoy en día la literatura ante situaciones de sufrimiento o duelo?
-La verdadera literatura no consiste en un lector solo ante un libro, sino en la discusión y la comunicación que produce un libro leído con otros. Toda buena lectura es una lectura compartida y experimentada con otros. En soledad no se aprende nada, simplemente uno se vuelve loco en la convivencia con los propios fantasmas.
– Tras años investigando la relación entre palabra y curación, ¿qué lecciones fundamentales ha aprendido y, por consiguiente, le gustaría compartir?
-Más que lecciones abstractas, lo que he aprendido es a saber quién soy, cuáles son mis limitaciones, los ideales que no me sirven, los objetivos inútiles y a vivir la vida que me ha tocado, sin fantasías y sin miedo.
– Participa en el ciclo ‘Pensar en compañía’ del Centro Andaluz de las Letras. ¿Qué valor considera que tienen hoy estos espacios de reflexión compartida?
-Creo que lo compartido es la única salvación posible para todos nosotros. Una vida buena y con sentido únicamente se construye con los otros. Que existan estos espacios es apostar por ello y salir del sistema de amenazas en el que vivimos habitualmente cuando estamos solos.
– ¿Qué espera de ese diálogo con el público?
-Del diálogo con el público hay que esperar que surja la amistad y la complicidad en la idea de que nos necesitamos para estar vivos y para ser felices. Es decir, estar y hablar con los otros es la experiencia más elevada a la que uno puede aspirar.
– Por último, si tuviera que resumir el espíritu del libro en una sola frase, ¿cuál sería?
-El miedo es lo contrario de la vida.
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