InicioSociedadEl Getafe empuja al Real Madrid a otro año en blanco

El Getafe empuja al Real Madrid a otro año en blanco

El Real Madrid es un equipo insípido, perezoso y sin alma que tiene tan pocos argumentos sobre el césped como en la banda, donde el cambio de entrenador le ha empeorado. El Getafe doblegó a los blancos con su fútbol proletario y deja al Madrid a cuatro puntos del Barça. Y lo hizo porque hay más fútbol en un gesto de Bordalás que en toda la pizarra de un Arbeloa que encadena su cuarta derrota. Este Real Madrid navega hacia el iceberg, como el Titanic. A por su segunda temporada en blanco.

Jugar ante el Getafe es como ir al dentista para cualquier rival y para este Real Madrid funcionarial no iba a ser diferente. Los de Bordalás confirmaron su aspereza apretando a un Madrid al que se le indigestaba la salida con Rudiger y Alaba atrás. Sin Mbappé y sin nadie en la derecha, donde flotaba Arda y se asomaba un tibio Trent, el Madrid era Vinícius y diez más en ataque. Gonzalo ejercía de 9 y Thiago se asomaba por detrás, pero era un equipo previsible y de ritmo cochinero.

Roja perdonada y golazo del Satriano

Bordalás atascó el carril del brasileño, quien recibió cinco faltas en 15 minutos. Perdonó Vinícius ante Soria y el meta sacó otra mano en una ruleta zidanesca de Arda. El Madrid se encomendaba a un fogonazo del brasileño mientras se le iba haciendo bola y el árbitro perdonaba la roja a Rudiger en un grosero rodillazo a Rico. Esperando a ‘Vini’ Rudiger regaló un despeje y Satriano enganchó una volea que entró como un obús por la escuadra de Courtois. La cuesta arriba se convertía en un ochomil para el Madrid. Cuando el árbitro indicó el descanso, el Bernabéu pitó a un Madrid que no juega a nada con un entrenador que no aporta soluciones.

El segundo partido fue un asedio obligado. Arbeloa movió el árbol metiendo a Rodrygo, Carvajal y Huijsen, pero seguían jugando al pie, sin moverse al espacio y sin proponer nada diferente. Un arreón de carácter con algo más de ritmo y colmillo. El Getafe se pertrechaba al borde de su área con orden y sacrificio mientras los blancos amontonaban llegadas sin concretar un peligro que no era tal. El Bernabéu cargaba su frustración contra el árbitro, quien dejó en el campo a Rudiger, y Bordalás metió más cemento para gripar a los locales. Soria solo hizo una parada, en el descuento, en la segunda parte, triste síntoma de este Madrid vulgar que se sigue desangrando y terminó con Mastantuono expulsado y gritos de «¡Florentino, dimisión!».

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