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Carlos, el barbero que cambió la medicina por las tijeras y ha reabierto la barbería más antigua de Europa: «Muchos clientes tienen 80 años y vienen desde eran niños»

Por necesidad. Así fue como Carlos comenzó su andadura en el mundo de la barbería en el año 2007. Ese mismo año y gracias a una beca, se había podido matricular en la universidad de la salud pública, donde cursaría el grado en Medicina durante los seis años siguientes. “Vengo de familia humilde y, para entonces, mi hermana también estudiaba fuera de casa, así que la economía no daba para más. Tuve que buscar una forma de ingresar algo de dinero para sustentarme y poder graduarme en lo que me más me gustaba”, explica Carlos Adrián Fernández, cubano de nacimiento y propietario de El Kinze de Cuchilleros, la barbería más antigua de Europa, ubicada en los alrededores de la Plaza Mayor de Madrid. Encontró un curso de peluquería por casualidad. Se apuntó y lo completó. “Pensé que era sólo curiosidad, pero en cuanto cogí una tijera me di cuenta de que era lo que realmente me apasionaba. Fue raro, ya que nadie más en mi familia corta el pelo, así que no sé de dónde viene esta vocación”, reconoce. Lo que aquel día se despertó en él le ha acompañado hasta hoy. Volviendo al inicio, cuando cursaba segundo de carrera, empezó a cortar el pelo por su cuenta. Nada serio. 

Más tarde, ya trabajando en el hospital, Carlos recuerda cuando salía de hacer guardias y se iba corriendo a casa: “Tenía una barbería montada en casa, en una habitación independiente. Había que seguir trabajando. Era lo que nos daba sustento diario. Más que la medicina, de hecho”. Fue durante una misión médica en Venezuela cuando se topó con la odontóloga que años después se convertiría en esposa y madre de sus hijos. “Regresamos a Cuba con la decisión de abandonar el país, pero llegó la pandemia y tuvimos que posponer la decisión. A las mujeres les dieron licencia y se quedaron en casa cuidando a los niños mientras los médicos hombres trabajábamos en los hospitales. Fue duro”, relata. Naturales de Villa Clara y Las Tunas respectivamente, Carlos y Yenisel establecieron un plan para buscar una vida mejor, aprovechando la primera vía que vieron posible, ya que la situación “no dejaba de empeorar” en el país. “Vine solo, ya que no teníamos ni los recursos económicos ni legales para poder viajar los cuatro. En cuanto llegué, en enero de 2023, me incorporé en una barbería, donde no dejé de trabajar para poder enviar dinero a mi familia”, añade. 

Exterior de El Kinze de Cuchilleros, la barbería más antigua de Europa. / Alba Vigaray

Carlos Adrián Fernández y Yenisel Casalvilla, dueños de El Kinze de Cuchilleros. / Alba Vigaray

Al otro lado del Atlántico, una madre y sus dos hijos. “Cuando una familia se separa y el cabeza de familia emigra en solitario, la situación que se queda en casa es muy complicada. Pasamos meses críticos, económicamente hablando. Lo único que nos ayudaba eran los ingresos que venían desde España. El objetivo era salir de allí, sí o sí”, relata Yenisel Casalvilla, la otra mitad del proyecto. Tras un año y medio, Fernández pudo emprender y montar su primera barbería. Fue entonces cuando su familia aterrizó en Madrid. “Con los años nos hemos estabilizado, pero todavía no he podido salir a buscar trabajo por mi cuenta, ya que él está en la barbería prácticamente todo el día y alguien tiene que hacerse cargo de los niños. Todo ha dado sus frutos y nos hemos ido sintiendo mucho mejor económica y profesionalmente”, añade ella. Recientemente, el matrimonio se ha puesto al frente de El Kinze de Cuchilleros, una barbería centenaria que cerró sus puertas el pasado mes de diciembre tras 126 años de actividad ininterrumpida. 

Desde 1900

Ni la ubicación ni el precio. Tampoco otra cosa que no fuese la historia que esas cuatro paredes han protagonizado durante más de un siglo. Eso fue lo que hizo a la pareja decantarse. El 2 de enero de 1900 Eladio Gurumeta colgó el cartel de Peluquería y Barbería en el exterior antes de que por sus sillas pasasen algunas de las personalidades más destacadas de la época. Valle-Inclán, Pío Baroja y Camilo José Cela se cortaron el pelo donde hoy Carlos Adrián atiende a un cliente que ronda los 90 años. Años después, en 1963, se incorporó al negocio la familia Sanchidrián, originaria de Zamora, quienes, tras tres generaciones, abandonaron el negocio. Por sus tijeras pasaron Arturo Pérez Reverte, Juan Eslava Galán, Pepón Nieto, Fernando Tejero, Locomía o Dani Martín. Durante los 17 meses que el médico pasó en España esperando a su familia, no dejó de trabajar ni un solo día: “Entraba el primero y me iba el último. De lunes a domingo. Y todo lo que ganaba me lo guardaba. No salía ni a tomarme una copa. Así es como pude comprar la primera barbería”. Fue detrás de una silla de aquella barbería, hablando con un cliente, cuando surgió la oportunidad de adquirir este segundo negocio. 

Algunas de las herramientas conservadas en la barbería, pertenecientes al primer dueño del local. / Alba Vigaray

El Kinze de Cuchilleros cerró sus puertas el pasado mes de diciembre, tras más de un siglo en activo. / Alba Vigaray

“Pura casualidad. Él había comprado el local cuando los anteriores peluqueros lo pusieron en venta. Había recibido varias propuestas para convertirlo en una tienda de souvenirs, pero el señor, natural de Madrid, anciano, quería conservar el local tal y como él lo conocía desde que era un niño. Pensó en mí y me propuso el negocio, aunque el local sigue siendo suyo”, afirma. Ni el propietario del local ni los dueños del negocio quisieron que la barbería se pareciese a cualquier establecimiento moderno, con luces neón, plantas de plástico y reggaetón sonando de fondo. Aquí hay herramientas de hace un siglo, carteles de los sesenta con los precios aún en pesetas e incluso un péndulo que colocó aquel Gurumeta. “Dejé todo a la vista para que, quienes como yo, no saben qué son realmente, puedan ver cómo se ha transformado el sector. Hay quien entra sólo para observar las fotografías, los muebles de antaño y los instrumentos de la vitrina. Dicen que parece un museo. Hay clientes que vienen desde que eran niños y tienen más de 80 años”, cuenta Yenisel orgullosa. 

Recuperar la clientela

Los primeros días no están siendo fáciles para el matrimonio, que ve cómo la cara de algunos clientes cambia cuando no ven a los antiguos peluqueros: “Se asustan un poco. Les animo a que nos den una oportunidad. Si no les gusta no pasa nada, pero si salen contentos, volverán seguro. Al final sigue siendo su barbería de confianza”. Por ahora, creen haber recuperado casi el 20% de la clientela original. La mayoría superan los 55 años, dice. Son del barrio, de toda la vida, y llevan décadas arreglándose pelo y barba aquí. “También atendemos un alto porcentaje de jóvenes, con otros aires, y muchos extranjeros, que están de paso y visitan esta zona llena de historia. Al lado tenemos la Plaza Mayor, el restaurante más antiguo del mundo a nuestra derecha y el Mercado de San Miguel a unos pasos”, suma. El equipo, formado por dos barberos más, compagina técnicas clásicas para los veteranos con estilos algo más vanguardistas para quienes no superan la treintena. 

Herramientas de barbería antiguas, expuestas en El Kinze de Cuchilleros. / Alba Vigaray

Valle-Inclán, Pío Baroja y Camilo José Cela se cortaron el pelo en El Kinze de Cuchilleros. / Alba Vigaray

“Se asustan con las máquinas más modernas y prefieren las tijeras de toda la vida. Aún así, es importante modernizarse. Hace dos siglos los barberos eran también odontólogos y realizaban las extracciones dentales y cirugías menores. Con el tiempo, las máquinas manuales pasaron a las de corriente, con motores enrollados a bobina. Después, la industria americana y europea evolucionaron sus herramientas hasta lo que conocemos a día de hoy: aparatos inalámbricos, con baterías de litio y cuchillas de fibra de carbono”, zanja. Sean muchas o pocas las innovaciones, el ambiente que se respira en El Kinze de Cuchilleros es el mismo que cuando Gurumeta y la familia Sanchidrián desenfundaban la tijera. 

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