Los Goya surgen de la fantasía de que el cine español produce una veintena de películas aceptables cada año. La cifra está notablemente inflada. Por ejemplo, 2025 se agota con ‘Sirat’ y ‘Los domingos’, porque la memorable y premiada ‘Tardes de soledad’ milita en la clandestinidad taurina. El resto es silencio, como dicen en ‘Hamnet’/’Hamlet’, aun admitiendo la existencia de títulos simpáticos como ‘Los tigres’ o ‘La cena’. Sería mas justo premiar de una vez las taquillas de Santiago Segura o ‘El casoplón’.
El goya inicial a Nagore Aramburu como la atrabiliaria superiora de ‘Los domingos’ enmarcaba el terreno de juego, sobre todo cuando ‘Sirat’ perdió los efectos especiales ante ‘Los tigres’, aunque no podía quedarse sin banda sonora ni montaje. El aluvión inicial de premios llegó tras confirmarse que no existía la posibilidad de una mínima sintonía entre los envarados Luis Tosar y Rigoberta Bandini, empeñados en criticar las guerras desde la equidistancia socialdemócrata, una parodia de Irak.
La falsa presunción de que existen suficientes películas a premiar se complica con la disparatada vanidad de que los actores y actrices españoles están a la altura de los hollywoodienses. En realidad, se contrata a la invernal Susan Sarandon para revestir la ceremonia de un mínimo lustre. Comparen su intervención medida y sentida con las monsergas de sus colegas españoles, la labor de los directores autóctonos se agiganta al recordar la materia prima que manejan.
Los actores españoles no pasan del «es muy jodida la comedia» de Nora Navas en el pasacalles previo. Se enfrenta a dos presentadoras delirantes, que presumen de que «nuestra misión es que la gente se olvide de la mierda». Es meritorio, cuando ofreces lo mismo que quieres olvidar. Y cuando desatiendes la llegada simultánea de Pedro Sánchez y Begoña Gómez, la primera vez en que la esposa de un político es imputada antes que su esposo.
«El cine español goza de buenísima salud», diagnostica el presidente del cine español, que tampoco debe ver mucho cine español. «No valoramos lo que tenemos en nuestro país», señalan las presentadoras, sin precisar si el escaso aprecio es proporcional al mérito de los despreciados. No cabe entrar en la crítica de Fernando Méndez-Leite a la política migratoria de Estados Unidos, para mendigar después un hueco de ‘Plácido’ en el banquete hollywoodiense.
Conviene sin embargo apartarse de esta senda derrotista, porque se critica la ceremonia omitiendo que no puede superar por definición la estatura de las películas que la integran. Y porque la crítica presupone una aceptación del espectáculo. Mejor concentrarse en la inexplicable derrota de Blanca Soroa, la mayor revelación desde Ana Torrent, una adolescente que se comporta fuera de ‘Los domingos’ como si quisiera atraer vocaciones a la clausura. En la misma producción, Patricia López Arnaiz fue el premio más merecido de la noche.
No hubo boicot a la película del año, con seis goyas para ‘Sirat’, pese a las ínfulas de su director. En los Goya más plurilingües, Óliver Laxe habla español en francés, y se cree que los espectadores también trabajan para él. Es un artista tan exigente que da la sensación de que necesitas el permiso explícito antes de acceder a sus películas. Por ello, el autor de la auténtica película del año se vio castigado con el voto a ‘Los domingos’.
