Una nueva investigación ha medido por primera vez cuántas veces nos enamoramos apasionadamente a lo largo de la vida. Los resultados desmontan mitos románticos y revelan un patrón mucho más limitado de lo sugerido por el cine o las redes sociales.
De acuerdo a un estudio publicado en la revista Interpersona: An International Journal on Personal Relationships, los investigadores han comprobado que, en promedio, los seres humanos viven dos amores de pareja intensos en el transcurso de sus vidas.
Cómo cambia nuestra idea del amor a la luz de los nuevos datos
Realizada por Kinsey Institute, la investigación incluyó a 10.036 adultos solteros de entre 18 y 99 años en Estados Unidos: los científicos preguntaron simplemente a cada persona la cantidad de veces que se habían enamorado apasionadamente en la vida.
La respuesta promedio fue de 2,05 experiencias a lo largo de la vida. Además, los datos muestran que el 14 % nunca ha sentido ese tipo de amor, el 28 % lo hizo una vez, el 30 % dos veces, el 17 % tres veces y el 11 % cuatro o más ocasiones, según indica una nota de prensa.
Estos números rompen con la narrativa cultural que sugiere que el enamoramiento apasionado es frecuente y casi inagotable, en base a lo difundido en cientos de obras literarias, películas o canciones y en redes sociales, que celebran el “amor eterno” o el “amor a primera vista”. Sin embargo, la evidencia indica que, para la mayoría, la pasión romántica es algo escaso y episódico.
Esa escasez no convierte a quienes no la experimentan en “anormales”: más bien, invita a ampliar el mapa afectivo. Muestra que existen muchas formas de amor, como las parejas basadas en el compañerismo, el afecto estable o el compromiso, que sostienen relaciones satisfactorias a lo largo del tiempo.
Quiénes se enamoran más veces: diferencias por edad y género
El estudio también exploró diferencias demográficas y halló pequeñas variaciones: los adultos mayores reportaron más experiencias pasionales que los jóvenes, y los hombres, especialmente los heterosexuales, registraron más episodios que las mujeres heterosexuales.
A pesar de esto, las diferencias por edad, género y orientación sexual resultaron en términos generales muy leves, lo cual sugiere que la capacidad de enamorarse apasionadamente es un rasgo humano relativamente compartido. El estudio fija un punto de partida para futuras investigaciones, que intenten explicar cómo varía la pasión según contextos culturales, experiencias vitales o estructuras de pareja no convencionales, y qué papel juegan factores como la salud mental, los vínculos sociales y la tecnología en la aparición o ausencia de esos episodios.
Referencia
Twice in a lifetime: quantifying passionate love in U.S. single adults. Amanda N. Gesselman et al. Interpersona: An International Journal on Personal Relationships (2026). DOI:https://dx.doi.org/10.54899/ijpr.v20i1.733
Además, las conclusiones ofrecen a terapeutas y al público en general un marco de referencia realista para gestionar expectativas románticas: si la pasión intensa aparece pocas veces, es razonable valorar otras formas de intimidad y no medir la calidad de una relación únicamente por la intensidad inicial.
En segundo lugar, la investigación invita a cuestionar la presión social: encuestas relacionadas muestran que muchas personas sienten mayor presión para hallar el amor que generaciones anteriores, y que los medios han modelado estándares poco realistas. Conocer la frecuencia real del enamoramiento apasionado puede aliviar esa presión.
