InicioSociedadUn neurorrecital revela cómo la música esculpe la actividad cerebral

Un neurorrecital revela cómo la música esculpe la actividad cerebral

Un reciente neurorrecital ha permitido al público «mirar dentro» de la mente de un concertista mientras toca. Visualizando las conexiones neuronales del pianista Nicolas Namoradze en directo, los espectadores pudieron comprobar cómo la calma de una pieza de Debussy genera una actividad cerebral mucho más serena que la tormenta neuronal desatada por una sonata de Beethoven.

El creciente interés por la conexión entre la música y el cerebro ha dejado de ser un campo exclusivo de la ciencia ficción para convertirse en una disciplina de estudio rigurosa y prometedora. Un ejemplo sorprendente, recogido por el neurólogo Oliver Sacks en su libro de 2007 Musicophilia, es el de un cirujano ortopédico que, tras ser alcanzado por un rayo en 1994, desarrolló una pasión irresisitible por la música de Chopin y se convirtió en compositor, a pesar de no haber tenido un interés previo en la música clásica.

Este caso ilustra el profundo impacto que la música puede tener en la estructura y función del cerebro, un área de investigación que ha ganado un impulso significativo en las últimas décadas.

El cerebro de un músico

Oliver Sacks, fallecido en 2015, afirmó que, si bien los anatomistas tendrían dificultades para identificar el cerebro de un escritor o un matemático, «reconocerían el cerebro de un músico profesional sin dudarlo un instante». La neurociencia moderna respalda esta afirmación.

Los estudios demuestran que la práctica musical formal provoca cambios notables en la estructura funcional de regiones cerebrales específicas. La música involucra una amplia actividad neuronal que abarca desde la corteza auditiva hasta el sistema motor, y su impacto se ha relacionado con cambios neuroplásticos, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizarse formando nuevas conexiones neuronales.

La investigación incluso ha identificado diferencias en el volumen de la materia gris entre músicos y no músicos, particularmente en áreas relacionadas con el procesamiento visual y la motricidad, habilidades que los músicos entrenan constantemente al leer partituras y tocar sus instrumentos.

Neurorrecital

Llevando esta exploración a un nuevo nivel, el pianista Nicolas Namoradze presentó el pasado 23 de julio, durante el Festival de Verbier en Suiza, el primer «neurorrecital». En este innovador concierto, se proyectaron en una pantalla visualizaciones de su propia actividad cerebral, sincronizadas en tiempo real con la música que interpretaba, permitiendo al público «mirar dentro» de la mente del artista.

El proyecto, que comenzó como una simple curiosidad de Namoradze, se ha convertido en una iniciativa de gran envergadura. Para generar las imágenes cerebrales, se utiliza un electroencefalograma (EEG), que mide la actividad eléctrica del cerebro. Con el fin de obtener imágenes claras y eliminar la actividad no relacionada con la creación musical, se realizan múltiples grabaciones previas que son analizadas y filtradas. El piano acústido Spirio de Steinway utilizado en el recital es capaz de grabar una interpretación en directo con una precisión extraordinaria: captura más de 1.000 niveles de velocidad del martillo y 256 posiciones de los pedales. Esto crea una réplica digital perfecta de la interpretación del pianista.

Este proyecto multidisciplinar ha contado con el apoyo de la Competición Internacional de Piano Honens y la colaboración de centros de investigación de vanguardia como el Brain Dynamics Lab de la Universidad de Calgary y el laboratorio Neuroscape de la Universidad de California, que desarrolló la herramienta de visualización neuronal en 3D «Glass Brain».

Cómo la música ilumina el cerebro

El neurorrecital revela patrones sobre cómo diferentes tipos de música activan distintas áreas del cerebro. Namoradze explica que durante la interpretación de la Sonata para piano n.º 2 del compositor ruso Aleksandr Skriabin, el lóbulo occipital (asociado con el procesamiento visual) mostró una actividad mucho mayor que con otras piezas. Esto sugiere una posible conexión con la sinestesia de Skriabin, un fenómeno neurológico por el cual el compositor asociaba colores visuales a las notas musicales.

En contraste, el cerebro de Namoradze se mostró mucho más tranquilo durante los pasajes espaciosos de «La Cathédrale engloutie» de Debussy, en comparación con la intensa actividad registrada durante el rápido scherzo de la sonata «Hammerklavier» de Beethoven. Estas visualizaciones ofrecen una ventana única a la compleja interacción entre la música y la función cerebral.

La música como medicina

Más allá del espectáculo, proyectos como el neurorrecital de Namoradze son vitales para «crear conciencia de que la música está en el cerebro», como afirma Daniel Levitin, neurocientífico, psicólogo cognitivo y músico. En su último libro, Music as Medicine (publicado en el Reino Unido), Levitin explora cómo se puede aprovechar el poder terapéutico de la música.

La investigación neurocientífica ha validado en los últimos 15 años que la música es una herramienta terapéutica poderosa. Levitin prevé su uso en el tratamiento de enfermedades como el alzhéimer, la demencia, el párkinson, la esclerosis múltiple y el dolor crónico. De hecho, algunas aseguradoras en Estados Unidos ya cubren la musicoterapia como parte de un plan de tratamiento integral para afecciones de salud mental o trastornos por uso de sustancias.

Beneficios patentes

La ciencia detrás de estos beneficios es cada vez más clara: en pacientes con párkinson (donde la parte del cerebro que controla la sincronización del movimiento se ve afectada), la música puede actuar como un metrónomo externo, ayudándoles a sincronizar sus pasos y caminar con mayor fluidez.

En casos de afasia y daño cerebral, la música puede ayudar a recuperar el lenguaje. El caso de la congresista estadounidense Gabby Giffords, que aprendió a hablar de nuevo cantando lo que quería decir tras recibir un disparo en la cabeza, demuestra cómo la melodía puede crear nuevas vías neuronales para el habla.

Con alzhéimer y demencia, escuchar música nostálgica activa regiones cerebrales clave vinculadas a la memoria, la autorreflexión y los circuitos de recompensa. Esto explica por qué las canciones ligadas a la historia personal de un individuo pueden evocar recuerdos autobiográficos vívidos y mejorar su bienestar emocional y función cognitiva.

Lenguaje cerebral

La música, por tanto, no es solo una forma de entretenimiento, sino un lenguaje fundamental para el cerebro humano. Ocupa más áreas cerebrales que el propio lenguaje verbal y tiene la capacidad de modular la actividad en estructuras límbicas y paralímbicas relacionadas con la emoción, como la amígdala y el hipocampo.

La neurociencia está desvelando los misterios de esta profunda conexión, abriendo un futuro en el que las melodías y los ritmos podrían convertirse en una parte integral del cuidado de nuestra salud neurológica y mental.

El neurorrecital invita a los oyentes a interactuar con la música de una manera nueva, y Namoradze repetirá la actuación en la Universidad de Lancaster el 25 de septiembre de 2025.

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