La sofisticación del frío industrial y la climatización o un readaptado sector de la madera y el mueble, ensanchado en más de 400 empresas hace dos décadas, conviven en Lucena junto a una consistente y autóctona sección de la artesanía. Legados familiares y evocaciones de tradición sostienen y recuadran oficios de trayectoria secular y siempre iluminados por el velón de Lucena. Empresas y talleres afianzados en el tesón, el refinamiento y estilos propios y que proyectan sus repertorios y colecciones a múltiples latitudes del mapa nacional e, incluso, a esferas internacionales.
La génesis árabe se fundía con el ecosistema romano en unos alfares locales donde se gestaban piezas exclusivas, timbradas con decoraciones y esmaltes reconocidos. En la franja noreste del casco urbano de Lucena, emergió el Barrio de las Tinajerías. Un arte sacro de prestigio nacional encumbra la orfebrería, rematando un triángulo sostenido por la fisonomía ancestral de esta ciudad.
Heredero de los candiles árabes y las lucernas romanas, el velón de Lucena exhibe un pie circular y ancho, con un borde alzado y receptor de fundiciones. Un astil, con perspectivas múltiples, conecta con el depósito del aceite, así como el mechero y las piqueras. Unos brazos patentes culminan en las reconocibles pantallas, cruzándose los escudos locales o nacionales. Las tijeras y la despabiladera llaman al pabilo y un calderón nutre al depósito, asomando una caperuza para reducir las luces. Una arandela permite su unión o permanencia en las diferentes estancias.
El arte sacro en sus diversas variantes y épocas del año significa el 90% del trabajo de los talleres. / CÓRDOBA
Desde el siglo XVIII, constan datos fehacientes de una industria velonera remontada varias centurias atrás. Bronce, latón y cobre configuraban objetos indispensables en el ajuar doméstico, como capuchinas, almireces, braseros, chocolateras o alambiques destiladores de aguardientes. Estos productos lograron exportaciones, avanzado el siglo XIX, a Francia, Portugal y Marruecos. Desde el siglo XX, al propagarse el abastecimiento eléctrico, el velón se transforma en un elemento mayoritariamente decorativo. El Museo de Cera de Madrid representa la legendaria estampa de Miguel de Cervantes escribiendo ‘El Quijote’ a la luz del velón y un museo permanente, en la Casa de los Mora, promovido por la asociación Velón de Lucena, guarda las esencias.
En el cosmos de la metalurgia, rebobinada incluso al siglo IV a.C., y brindada por la comunidad judía, Lucena ha transitado desde la artesanía en bronce a la orfebrería, despuntando, por producción y empleo, en el siglo XIX. Diferentes talleres empleaban a centenares de trabajadores, ejemplificados en la época contemporánea en Orfebres Gradit, Orfebre Juan Angulo, Orfebrería Angulo Bronces, Paula Orfebres, Bronces Durán o Decoexport.
La gerente de Paula Orfebres, Araceli Macarena Ruiz, sentencia que el municipio se distingue como una tierra que «ha trabajado siempre muy bien el metal», subrayando que, precisamente, el frío industrial, de pujanza mundial, «viene del metal». Abunda en su tesis, manifestando que, en estos momentos, este sector de la orfebrería, ligado inseparablemente al arte sacro, «está de moda», tanto en el panorama andaluz como en otras comunidades autónomas de España, procurando, sus artífices, «aprovecharlo lo máximo posible». Después de una crisis económica «muy dura», eclosionada en los años 2007 y 2008, por su propia trayectoria, apunta que «no caímos porque no nos metimos en nada que no supiéramos hacer». Transcurridas prácticamente dos décadas, en esta empresa de raigambre familiar, la plantilla ha sido suplicada hasta la cifra de 21 empleados, con la voluntad, «por supuesto», apostilla, «de seguir creciendo».
Este sector artesanal, basado en el legado de los antepasados y sucesiones familiares de varias generaciones coloca a Lucena en la esfera autonómica y nacional, incluso con incursiones en otros países extranjeros.
Reivindica la posición de la orfebrería en la generación de actividad económica en el municipio porque «tiene su sitio», conquistado desde aquellas gentes que transportaban candiles sobre burros. En su valoración, reclama el respaldo de las administraciones públicas a cualquier empresa que sustente a alguna familia. Finalmente, confirma que, en su taller, un 90% de los encargos permanecen relacionados con el segmento religioso, al tiempo que razona que logran una «diversificación» potente «a lo largo del año», desde la Semana Santa a las romerías o fiestas de gloria.
Cerámica y alfarería
La cerámica y la alfarería han modelado inveteradas fases históricas de la localidad, con precedentes milenarios. Convertido en centro de interpretación y enclave museístico, el alfar romano de Los Tejares obtiene reconocimiento como una de las factorías romanas de mayor extensión y mejor conservación de la Península Ibérica, datado entre los siglos I y II. En total, entronca ocho hornos, uno en una zona exterior, aparte de salas expositivas. Técnicas y estilos árabes definieron la época andalusí, desde una génesis clarificada por la ubicación de canteras de abundante arcilla, en la época romana. Siete generaciones en el árbol genealógico revisten a Alfarería Sartén, junto al Llano de las Tinajerías, ligada a los métodos tradicionales y un horno del siglo XVIII, para la fabricación de tinajas y otras piezas. Y supera las ocho generaciones de idéntica filiación Cerámica Granados, difundida por la elaboración y decoración de sus piezas a mano. Isidoro Granados, actual titular de la empresa, junto a su hermana, incide en una coyuntura positiva del sector, aludiendo a «un movimiento alto de trabajo», al tiempo que admite que «son ciclos» porque, especialmente, en las empresas artesanas, el flujo de los clientes y pedidos «va por momentos».
La alfarería y la tinajería tradicional de Lucena, unida a los encargos y a las creaciones contemporáneas, jalonan su actividad, con el tope de dimensión de la medida de 1,20 metros por la capacidad del horno. La enseñanza del oficio entraña la principal «dificultad» porque «se tarda muchísimo en aprender». Una casuística que conecta con el esfuerzo temporal y «la dedicación», vocacional y reconfortante. Contempla con optimismo, «el futuro» de la cerámica porque, especialmente desde el período de la pandemia del covid-19, ha crecido notablemente las peticiones de «piezas hechas a mano», confiriéndole «más valor» a esta modalidad de la cerámica.
Explica Isidoro Granados que Lucena, por cifra de talleres, se ubica en «un lugar bajo» en la geografía nacional, aunque «por importancia histórica y de realización artesanal», puntualiza, «ocuparía uno de los primeros lugares». Las piezas contemporáneas, aclara, se vinculan con la cerámica y la alta temperatura, mientras que la alfarería, «porque nosotros también cocemos en baja», se cuantifica en 1.050 grados.
Pintado final de una pieza en los talleres de la empresa familiar Granados. / CÓRDOBA
Las facciones artísticas de Lucena se completan con una imaginería religiosa acrisolada desde el siglo XVI, entre el realismo y la expresividad, modelando rostros y semblantes anudados en la devoción secular del pueblo. Desde Andrés Cordón o Pedro Muñoz de Toro hasta Francisco Javier López del Espino, de reconocimiento y proyección mundial; Antonio Ortega, autodidacta con tres décadas de bagaje, con diferentes representaciones; o el joven Adrián Valverde, autor del Santísimo Cristo de la Caridad en su Sentencia de Badajoz o la Virgen del Dulce Nombre, para la misma localidad. En fases posteriores, ha tallado imágenes cristíferas y marianas para localidades como Cabra, Lucena, Benamejí, Alcalá la Real, Adra, Ceuta, Benidorm, Malagón, Alhaurín el Grande o Logroño.
La absoluta referencia en este campo magistral eleva a Francisco Javier López del Espino. La nueva imagen de Cristo Resucitado ha entrañado su última aportación a la Semana de Santa de Lucena. Su creatividad imaginera ha proporcionado al patrimonio local el Cristo de la Caridad, junto al Rey Herodes, aparte del Misterio de la Crucifixión, para la Cofradía de Amor y Paz, en Semana Santa; así como el Cristo del Perdón y las efigies de San Juan Pablo II y Madre Teresa de Calcuta. En últimas fechas, presentó el centurión a caballo para la hermandad penitencial del Rocío de Cabra, aparte de innumerables esculturas pasionistas en la totalidad del panorama nacional.
Su producción artística contemporánea viaja y permanece entre México, República Dominicana, Estados Unidos, Francia, Suiza o Emiratos Árabes Unidos. Y, como pruebas irrefutables de su anclaje a Lucena, mencionamos el monumento a las víctimas del covid-19 y a los colectivos esenciales en la pandemia o el monumento al guitarrista Paco de Lucena.
«La estabilidad» y la materialización de actividades «con bastante frecuencia», con un «notable» movimiento profesional encuadra al campo de la imaginería, pronuncia Francisco Javier López del Espino, desde el ámbito local a latitudes comarcales y provinciales. Las subvenciones públicas, indica, conllevan un definitivo espaldarazo a las labores de restauración y al incremento de la demanda. Actualmente, el volumen económico permanece «mucho más medido», después de una fase de «auténtica locura», entre la última década del siglo XX y la primera del actual.
La combinación de la tradición clásica y las incursiones en técnicas y decorados vanguardistas se mezclan en las diferentes facetas del campo local de una artesanía arraigada en la ciudad durante siglos.
«Los talleres nunca están vacíos», asevera López del Espino, quien asegura que, aparte de su vertiente del arte contemporáneo y vanguardista, firma, en estas fechas, proyectos de imaginería religiosa para el año 2028. Expone que, en su experiencia particular, posee «una diversificación» en «la estructura laboral».
En términos generales, corrobora el formidable «esfuerzo» que requiere este nicho de mercado, agregando que, a buen seguro, «un 95% de quienes estudian Bellas Artes no se dedican al arte», sino a la docencia o a otras acciones en los talleres. Advierte de que «es muy complicado», desde la perspectiva de la salida laboral. Y el sabor de la artesanía paladea un pasado pleno de vinos insertados en la denominación de origen Montilla-Moriles, entre la transparencia, finura, reflejos verdosos, influencias florales y afrutadas y una tendencia amarga. En anteriores décadas, numerosas bodegas florecían en el callejero lucentino, estructuras patrimoniales e históricas reconvertidas o evaporadas.
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