Miles de personas se congregaron en la histórica plaza porteña para un evento que fusionó música electrónica y mensajes de fe en el primer aniversario del fallecimiento del pontífice argentino.
Una multitud colmó este sábado la Plaza de Mayo para participar de un homenaje al Papa Francisco, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento. El evento, gratuito y abierto a todo público, tuvo como protagonista al sacerdote portugués Guilherme Peixoto, conocido internacionalmente como el «cura DJ», quien lideró una propuesta que fusionó música electrónica con mensajes de fe, espiritualidad y fragmentos del pensamiento del pontífice argentino.
Desde las primeras horas de la noche, miles de personas comenzaron a concentrarse en el centro de Buenos Aires, en un operativo que incluyó cortes de tránsito y un importante despliegue logístico. La convocatoria reunió a asistentes de distintos puntos de la ciudad y la provincia de Buenos Aires, así como a personas de diversos credos y edades.
El espectáculo, que se extendió por más de dos horas, transformó el espacio histórico en una gran pista a cielo abierto. Con una puesta que incluyó pantallas gigantes, luces y sonido profesional, el sacerdote mezcló bases de techno con campanas, oraciones y citas del Papa Francisco, generando un clima que combinó recogimiento y celebración.
Según estimaciones periodísticas, la asistencia alcanzó cifras multitudinarias, con decenas de miles de personas participando del homenaje. La iniciativa, impulsada por organizaciones civiles, buscó destacar el legado de Francisco y promover la llamada «cultura del encuentro», uno de los ejes centrales de su pontificado.
El evento no se limitó a lo religioso, sino que se planteó como una experiencia inclusiva, abierta a todos los sectores sociales. El «cura DJ», que desde hace años utiliza la música electrónica como herramienta pastoral, evitó los discursos tradicionales y dejó que la música fuera el principal vehículo del mensaje.
La elección de la Plaza de Mayo —escenario histórico de manifestaciones sociales, políticas y religiosas en la Argentina— reforzó el carácter simbólico del encuentro, convirtiéndolo en un espacio de memoria colectiva y resignificación del legado del primer papa argentino.
