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La búsqueda de una pintada perdida: el vínculo entre Neruda y la Escuela de Ciencias de la Información

Exalumnos y docentes de la antigua Escuela de Ciencias de la Información de la UNC reconstruyen la memoria de una frase atribuida al poeta Pablo Neruda que habría estado pintada en sus muros, en un ejercicio de recuperación histórica.

Existe un consenso entre quienes transitaron los pasillos de la antigua Escuela de Ciencias de la Información (ECI) de la Universidad Nacional de Córdoba: el poeta Pablo Neruda nunca estuvo físicamente en ese edificio ubicado en la Ciudad Universitaria. Sin embargo, su presencia simbólica, a través de sus libros y su poesía, formó parte del acervo cultural del lugar, especialmente en los años posteriores al Golpe de Estado de 1973 en Chile.

La memoria colectiva de exalumnos y docentes ha mantenido viva la idea de una pintada, un graffiti de once palabras atribuidas a Neruda, que habría adornado una de las paredes del viejo edificio de la ECI, al que muchos se refieren con cariño como «la Escuelita». Este rastro, hoy desaparecido debido a las reformas edilicias, se ha convertido en un objeto de búsqueda y reflexión.

«En la vieja escuelita de Caseros y Vélez Sársfield no estaba pintada en ninguna pared, que yo me acuerde. Capaz que sí haya estado en alguno de esos afiches que nosotros hacíamos desde el Centro de Estudiantes, desde los Grupos de Base, donde yo militaba», relata Liliana Arraya, una de las exalumnas consultadas.

La investigación sobre esta pintada perdida ha movilizado a la comunidad de graduados. A través de grupos de mensajería, antiguos estudiantes como Mónica Ambort intercambian recuerdos. María José Quiroga aporta: «Creo recordar que estuvo escrita en una de las paredes: en el edificio viejo de la ciudad universitaria (donde fue trasladada la ECI al comenzar la dictadura) más precisamente en el pasillo de ingreso».

El profesor Bernardo Núñez ha recorrido los pasillos actuales intentando ubicar el lugar exacto donde pudo haber estado la frase, una pared que «seguramente cayó con las reformas». La profesora emérita Paulina Emanuelli también reflexiona sobre su posible ubicación, mencionando que pudo ser durante alguna de las gestiones de la facultad.

La dificultad para localizar el sitio exacto contrasta con la fuerza del recuerdo. La autora de este artículo recuerda la pintada «quizás detrás del kiosco actual. O más allá». Bernardo Núñez, por su parte, evoca otras pintadas «polémicas» que durante años dieron color e identidad a los pasillos de la escuela.

La búsqueda de esta huella material se enmarca en un esfuerzo más amplio por recuperar la memoria del lugar, como el que realiza Carmen Colazo, autora del libro «Escuelita, éramos el agua». La frase nerudiana, más allá de su autoría o ubicación precisa, simboliza para muchos un espacio de memoria y resistencia que trasciende el tiempo, negándose a ser pasado.

El episodio refleja cómo la poesía y las palabras pueden arraigarse en la memoria institucional y personal, transformándose en un símbolo colectivo que perdura más allá de los muros físicos que alguna vez las contuvieron.

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