«No sabes lo que es estar con tu mujer un viernes, los dos aburridos, y decir: «Nos vamos a Toledo». Coges las cuatro cosas que tienes cocinadas, las metes en la autocaravana y pasas el fin de semana tranquilo fuera». Lo explica Esteban Hinojal, madrileño que entró en este mundo en 2004 con una caravana remolque. Al año siguiente se compró una autocaravana y desde entonces se ha implicado tanto en el mundillo que ha acabado presidiendo la Asociación Madrileña Autocaravanista (AMA).
Esteban nos atiende precisamente desde su Burstner Delfin P686, un verdadero clásico de las autocaravanas: «Esta es de las de antes, de las duras. A mí me costó 65.000 euros. Ahora mismo, este modelo se puede encontrar por unos 30.000. Es el precio medio de las autocaravanas de segunda mano (25.000-30.000). Una nueva cuesta entre 70.000 y 80.000«, explica.
Esteban, su mujer y otra pareja de autocaravanistas amigos, jubilados los cuatro, se encuentran durante la entrevista en Saceda del Río (Cuenca). «Desde que entré en este mundo no he pisado un hotel, porque me molesta mucho el olor a desinfectante -explica-. En una autocaravana lo tenemos todo. Y como dispone de placas solares, es el sistema de vivienda más eficiente y sostenible que hay. Más que una casa».
Interior de la autocaravana de Esteban, donde viaja con su mujer por toda España / Cedida
El matrimonio empezó con una caravana con remolque porque, según explica, es el sistema que utilizan las familias con hijos porque dispone de mayor espacio. «Pero mis hijos han ido creciendo y al final nos hemos quedado mi mujer y yo solos en el viaje. Para dos personas, lo ideal es una autocaravana«, cuenta. A efectos administrativos, son dos vehículos distintos: «La caravana no paga impuesto de circulación, porque es un remolque. La autocaravana, a efectos de movilidad, es como un coche».
Profesionales itinerantes
Esteban es solo uno de los perfiles de autocaravanistas: el viajero por ocio. Pero hay otros, como quienes han decidido vivir en una autocaravana por motivos laborales. Es el caso de Milene, brasileña que nos atiende en el Área de Pinto. En su autocaravana viven siete personas: ella, su marido, sus dos hijos, su madre, su hermana y el marido de su hermana.
«Nosotros venimos de Castelo Branco (Portugal), pero somos de origen brasileño, de Fortaleza. Nos dedicamos a hacer pasteles y los vendemos en ferias y eventos. Llevamos unos 15 días fuera de casa. Los niños están escolarizados en Portugal, pero tienen permiso para viajar y hacer los exámenes al regresar», explica.
La portuguesa Milene convive junto a otros seis familiares en su autocaravana / José Luis Roca / EPC
Nómadas digitales
Junto a ellos hay otra autocaravana con matrícula española ocupada por una pareja polaca de nómadas digitales. No superan los 30 años, trabajan en remoto y han cambiado el frío de su país por los casi 20ºC de Pinto en marzo. No pueden atender más tiempo porque tienen una reunión por videoconferencia: basta con conexión a internet para mantener su actividad laboral. Mientras uno trabaja, el otro hace la compra en un centro comercial cercano.
Estos tres perfiles (viajeros de ocio, profesionales itinerantes y nómadas digitales) son los más habituales en el mundo del ‘caravaning’. También existen los caravanistas estacionales, generalmente jubilados europeos que pasan largas temporadas en el sur y regresan a sus países en verano. Actualmente, el 30% de los españoles con autocaravana la utiliza como vivienda, y el sector prevé que esta cifra aumente por el encarecimiento del alquiler en los próximos años.
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