El miedo se incrustó en el cuerpo del barcelonismo nada más concluir el intrascendente Brasil-Francia del jueves, cuando se supo que Raphinha había sido sustituido en el descanso por cuestiones físicas. Carlo Ancelotti, el seleccionador de Brasil, anunció una molestia en «el músculo» y su situación quedaba a expensas de una revisión médica de este viernes en Estados Unidos. Pasaron las horas y en Barcelona se temía lo peor. Se ansiaba un amanecer rápido en la costa este norteamericana para que pasara el examen cuanto antes y conocer el alcance del daño. Y cuando se supo, desgarro: el delantero azulgrana sufre una lesión en el bíceps femoral de la pierna derecha. Tiene pinta de apartarle de los terrenos de juego durante un mínimo de cinco semanas, según un comunicado del Fútbol Club Barcelona.
Los parones de la FIFA son como aquellos trenes del susto: nunca sabes cuándo puede caer un escobazo. A estas alturas de la temporada, con el desenlace de las competiciones a la vista, los clubes con internacionales están únicamente pendientes del viaje de vuelta, indiferentes al marcador, cruzando los dedos de que el parte de lesiones sea leve. El Barça, con tantos representantes, recibe golpes a menudo, y en esta ventana en particular ha recibido duro a través de Raphinha. El brasileño no solo se perderá la eliminatoria de cuartos de final de la Champions ante el Atlético de Madrid. Queda KO hasta principios de mayo, fuera también de unas hipotéticas semifinales.
A media tarde, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) desconvocó al delantero azulgrana para el último partido amistoso antes del Mundial, ante Croacia, después de una primera revisión en la que confirmó la lesión muscular, y le permitía volver a Barcelona. El club azulgrana ya presentía noticias negativas después de contactar con el futbolista, que tenía malas sensaciones. En su caso, llueve sobre mojado. El bíceps femoral de la diestra le ha llevado este año por el camino de la amargura.
Siempre el mismo músculo
Raphinha se ha perdido 13 partidos de 46 en el presente curso. Hansi Flick lo ha echado de menos. Ya se sabe que considera al brasileño un jugador nuclear, el que marca el ritmo de la presión tras pérdida, el que espolea cuando van mal dadas, lo más parecido a un líder. El periodo de baja más largo fue por culpa precisamente del bíceps femoral, que le mantuvo dos meses mirando la acción desde la grada. La lesión se la hizo en Oviedo en septiembre. Su recuperación fue atropellada, con dos recaídas, en parte por sus ansias de volver, aunque médicos y fisoterapeutas recibieron sus dosis de críticas internas.
Reapareció el 22 de noviembre coincidiendo con la reapertura del Camp Nou ante el Athletic. Frente al Elche, a finales de enero, sufrió una sobrecarga que le hizo perder tres partidos más. Desde entonces había recuperado la forma y volvía a ser el futbolista capital que es. Tres goles al Sevilla y un doblete ante el Newcastle certificaron la recuperación. Y ahora esto, vuelta atrás.
Flick le habría dado el Balón de Oro del curso pasado al futbolista azulgrana, según dijo un día. Lo mismo que Cholo Simeone, el técnico de los colchoneros, a quien aliviará la ausencia de Raphinha para el inminente partido de Liga, el 4 de abril, como para la eliminatoria europea, el 8 y el 14 del mismo mes. Si su baja se sitúa en las cuatro semanas, significa que el brasileño podría llegar al encuentro contra el Real Madrid, que podría decidir la Liga, alrededor del 10 de mayo, aunque falta ver con qué ritmo de competición. En cualquier caso, un disgusto para las aspiraciones barcelonistas de la temporada.
