MONTERREY, México.- “Es la primera vez que la veo”, dice emocionada Joaquina Testa frente a una obra de su padre, Clorindo. El mito del oro o el rescate de Atahualpa se titula esta instalación realizada en 1978 por el artista y arquitecto nacido hace más de un siglo, sobre papeles que ahora ocupan una pared entera en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco). Es una de las casi 170 obras de más de cien artistas latinoamericanos que integran desde hoy la exposición más amplia realizada hasta ahora en México de la Colección Femsa, con la cual se inicia la celebración por el 50° aniversario de uno de los acervos institucionales más importantes de la región.
“Hasta aquí de oro, si me dejan libre. Y un palmo más”, escribió Clorindo Testa sobre ese monumental collage, realizado con un block de dibujo. Fue su manera de evocar la leyenda sobre el tesoro perdido de Atahualpa, el último gobernante soberano del imperio inca, ejecutado por orden del conquistador español Francisco Pizarro.
“El año anterior, papá había viajado a Perú para firmar la Carta de Machu Picchu –recuerda Joaquina-. Era una respuesta a la Carta de Atenas de Le Corbusier de 1933), que se enfocaba en las funcionalidades de la arquitectura: ‘Habitar, circular, trabajar, recrearse’. Casi medio siglo después, los arquitectos reunidos dijeron que había que rever eso porque las cuatro funciones no contemplaban el contexto del habitar humano, y el contexto europeo es muy diferente del latinoamericano”.
Los rasgos particulares de esa identidad única y diversa inspiran la exposición titulada Constelaciones y derivas, que aspira a itinerar por varios países del continente. Países mencionados el mes pasado por el cantante puertorriqueño Bad Bunny en el Super Bowl LX, para recordar que América se extiende más allá de las fronteras de Estados Unidos. Tal como lo demuestra por ejemplo la 82ª edición de la bienal del museo Whitney, cocurada por primera vez por una latinoamericana.
“La noción de constelar proviene del ejercicio que hemos hecho en las últimas adquisiciones, de establecer diálogos con otras piezas de la colección –señaló Beto Díaz Suárez, cocurador de la muestra-. También se refiere a la investigación de Mari Carmen Ramírez, Héctor Olea y Andrea Giunta, quienes buscaron establecer otras formas de aproximarse a la producción artística en América Latina -explica Beto Díaz Suárez, curador de la Colección FEMSA-. ‘Derivas’ también parte de esa investigación, y de entender que el arte latinoamericano no deriva de los centros eurocéntricos y hegemónicos”.
De esa manera, lejos de un recorrido cronológico, el equipo curatorial integrado también por Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Adriana Melchor optó por establecer relaciones entre piezas de distintas épocas, geografías y generaciones para demostrar que no existe una sola historia del arte latinoamericano. “Relacionamos obras que históricamente no se habían leído juntas -señaló Braniff, curadora asociada y consejera de la Colección Femsa-. Ese ejercicio nos permite mirar la colección desde el presente y proyectar cómo queremos seguir construyendo hacia el futuro”.
En el presente y el futuro juega un rol clave Ad Minoliti, artista que también representa a la Argentina con un proyecto especialmente comisionado para esta exposición. Club de collage especulativo ofrece herramientas para explorar la construcción de identidades: inspirado en los clubs de lectura, se activará mediante talleres y encuentros con artistas, activistas e investigadores. “Planteo el collage como una técnica queer –explicó a LA NACION-. En tanto propone deconstruir, recortar, desarmar lo cotidiano para ensamblarlo en otra realidad. Pienso en incorporar a la tradición de la abstracción geométrica la dimensión de la ternura radical, la suavidad y el humor, con el furry o el peluche”.
Hay también ensamble y ternura en otro sector especial que se dedica a un proyecto de la rosarina Ana Gallardo. En Estudio para la restauración de un perfil II, reunió las pinturas de su madre -Carmen Gómez Raba, quien no pudo ejercer una carrera como artista-, junto con dibujos suyos en gran formato inspirados en esas obras y piezas de barro realizadas por su hija, Rocío Gallardo, derivados también de los bodegones.
Ana participó además en 2024 con su proyecto Escuela de envejecer, dedicado a los adultos mayores, de la Bienal Femsa. Con el propósito de fomentar la creación artística en México, esta plataforma curatorial itinerante busca desde hace más de tres décadas facilitar la difusión de la diversidad artística y generar redes de colaboración en las comunidades locales donde se realiza.
“En 2026 no vamos a hacer la bienal, porque estamos ocupamos ocupados con la celebración de los 50 años. En septiembre vamos a llevar la muestra al museo Amparo de Puebla, y estamos buscando otras itinerancias en México y el resto de Latinoamérica. Hay intenciones de ir a la Argentina, a Brasil y a Colombia, pero por ahora no está confirmado” a LA NACION Braniff, descendiente de las impulsoras de la Colección Femsa, que incluye entre más de mil obras a otros artistas argentinos como Julio Le Parc, Luis Tomasello, Manuel Espinosa, Liliana Porter, Leonor Fini y Marcelo Bonevardi. Del resto de la región, se destacan por ejemplo Leonora Carrington, Remedios Varo, Olga de Amaral, Francis Alÿs, Graciela Iturbide y Gabriel Orozco.
Hay también una pintura de David Alfaro Siqueiros, un Bicho de Lygia Clark y un imponente mural dorado de Mathias Goeritz, con perforaciones realizadas sobre acero, que se cuentan entre las preferidas en esta exposición de José Roca. El prestigioso curador colombiano, que trabajó en la Tate de Londres, integra el comité que aprueba las sugerencias de compras de la colección.
El acervo se inició con una pintura de Gerardo Murillo –alias Dr. Atl-, que marca el comienzo del recorrido de la exposición y fue donada por Rosario Garza Sada de Zambrano. Esta última era hija de Isaac Garza, empresario que se contó en 1890 entre los fundadores de la Cervecería Cuauhtémoc. Ese fue el origen de Fomento Económico Mexicano (Femsa), compañía que diversificó sus negocios y ahora llega a varios países latinoamericanos, como la Argentina. Entre otras cosas, según Braniff, es “la embotelladora más grande por volumen de ventas de Coca-Cola en el mundo”.
Visión no le faltó a esa familia. Invirtió además, por ejemplo, en el desarrollo del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (Tec), universidad privada que está creando un distrito de innovación. Frente a la entrada del campus se instaló -en memoria de Eugenio Garza Sada y de Eugenio Garza Lagüera, hijo y nieto de Isaac- Espíritu de Luz, instalación con entrada gratuita de James Turrell conectada con el cielo, que cambia de tonos al amanecer y al atardecer. Todo un símbolo de la variada gama de colores que ofrece América Latina.
