“Detrás de un héroe puede haber un traidor anteriormente”. Poesía del engaño y la perfidia política. Tal vez no podría esperarse otra cosa de Miguel Ángel Pichetto, ese eterno ocupante de lugares en el Estado que ofició de candidato a vicepresidente de Mauricio Macri y hoy avala el discurso de esa porción del gran capital que empezó a marcar cierta distancia del programa mileísta.
Entrevistado este martes por Flor Halfon en Gelatina, el legislador nacional alentó desarrollar “una propuesta capitalista, productiva y de centro, que dé previsibilidad y garantías a los inversores y a los agentes económicos”. Distante el discurso oficialista, eligió el lugar de vocero de una porción del gran capital: “Yo valoro la construcción de una burguesía nacional y me parece que empresarios que han invertido en el sector metalúrgico, en el sector petrolero, en el sector gasífero, son muy importantes para la Argentina.”
Ese proyecto, indicó, debe sustentarse en “un frente nacional” de características amplias, algo “parecido a lo que construyó Lula para enfrentar a Bolsonaro”. Lógicamente, ese frente debería alcanzar a “todos los partidos democráticos del centro nacional que pueden confluir en un programa que tiene que ser capitalista, productivo”. Para esa labor, “hay que fortalecer al principal partido de la oposición, que es el peronismo, en un debate más profundo, como ocurrió en la renovación de los años 80”.
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Aun fracasada hace poco, la receta es harto conocida: construir un espacio de todos los opositores a la derecha gobernante. En 2019, esa estrategia tomó el nombre de Frente de Todos y terminó en la presidencia de Alberto Fernández. Ahora asoma aún más amplia, buscando aliados entre los cómplices de Milei.
Por eso mismo, Pichetto pidió “no estigmatizar” a los mandatarios provinciales que acaban de avalar la reforma laboral esclavista. Recitó, además, que “el concepto de traición es estúpido en política; no existe en esos términos. Las circunstancias cambian. La traición muchas veces es un punto de inflexión hacia el futuro”.
«Detrás de un héroe puede haber un traidor». Pichetto, de candidato a vicepresidente de Macri a reunirse con CFK para rearmar un peronismo en crisis. El Hay2027 viene con alta ingesta de sapos. La militancia peronista honesta debería romper con un proyecto que ya fracasó. pic.twitter.com/6PHwemYw90
— eduardo castilla (@castillaeduardo) March 4, 2026
Bajo ese apotegma, hace pocos años, el kirchnerismo rearmó una alianza con Sergio Massa, quien había sido garante del ajuste macrista. Bajo la misma premisa, tendió puentes con Alberto Fernández, activo operador del Grupo Clarín, al que Cristina Kirchner convirtió en presidente de la nación. Ahora, el discurso se repite para alentar un armando aun más a derecha.
Esa política, groso modo, es la que empuja Axel Kicillof. El gobernador bonaerense, que viene enfrentando luchas docentes y de estatales contra su propio ajuste, guarda un piadoso silencio sobre los mandatarios provinciales peronistas que avalaron la reforma laboral de Milei. También sobre la escandalosa traición de la CGT, que permitió la votación de esa reforma sin lucha seria alguna.
Pichetto remite a la experiencia brasilera para fundar su perspectiva. Pero el amplio “frente antibolsonarista” incluyó sumar a una fracción de quienes habían sido los aliados del ultraderechista en parte de su mandato. Implicó pactar con ese Poder Judicial que, bajo las órdenes de EE.UU., había ejecutado el Lava Jato. Significó, además, dejar en pie la estructura de las contrarreformas que hizo efectivas la derecha gobernante. A modo de ejemplo, la reaccionaria reforma laboral de Temer sigue en pie.
Ese programa es el que propone trasladar Pichetto a territorio nacional. Construir una amplia coalición que deje intactas las contrarreformas ejecutadas por Milei al tiempo que mejora las “condiciones de competitividad” del gran capital local. Una perspectiva que solo puede empeorar las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras.
Por más plegarias que se eleven al cielo, la burguesía nacional realmente existente es la que le abrió el camino al poder a Javier Milei. Desde Eduardo Eurnekian, que lo convirtió en figura y candidato, al Paolo Rocca, que puso al Secretario de Trabajo y al titular de YPF. Desde la Sociedad Rural a la UIA y la Cámara de Comercio. Una clase social atada a las prebendas del Estado, que lleva décadas fugando la riqueza producida por manos obreras a paraísos fiscales. Esa clase social no puede ofrecer ningún destino a las mayorías trabajadoras. Esa clase capitalista es la que aplaudió la reforma laboral esclavista; la que ha venido pisando salarios, suspendiendo, despidiendo y atacando la organización obrera. La que intenta cerrar Fate, dejando mil familias en la calle.
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Tras reunirse con Cristina Kirchner, Pichetto invita a nuevos fracasos. La clase trabajadora debe edificar un camino distinto. Uno que rompa los intentos de conciliación de clases. Debe empezar a construir su propio partido político, superando por izquierda la experiencia peronista, debatiendo y proponiendo un programa de salida a la crisis que empiece por romper la sumisión al gran capital, sean estos aliados férreos de Milei o sus opositores.
