InicioDeportesTenemos una Ferrari: es productor, importó una máquina usada desde Polonia y...

Tenemos una Ferrari: es productor, importó una máquina usada desde Polonia y el negocio explotó

Producir lúpulo -clave en el sabor de la cerveza- en la Argentina era un negocio al borde de la asfixia para Rubén Viana (46) y su socio Eduardo Curutchet (50) en la zona de Villa Regina, Río Negro. Durante ocho años, la falta de maquinaria nacional y los costos operativos los obligaron a sostener el cultivo de Chacra Arana a pérdida, con jornadas de 18 horas que no lograban procesar ni la mitad de la cosecha. Tras la importación de una máquina usada desde Polonia el tiempo de procesamiento cayó de siete días a solo 24 horas, el rendimiento aumentó un 300% y los costos laborales se desplomaron.

Tenemos una Ferrari, aunque sea modelo 1977”, sintetizó Viana en diálogo con LA NACION. La metáfora no es casual, ya que la máquina procesa entre 150 y 200 guías de lúpulo por hora, frente a los 25 guías por hora que logró el prototipo nacional que habían desarrollado con ingenieros locales. Los emprendedores pasaron de 4,5 hectáreas en producción a proyectar 7,5 hectáreas este año con el equipo nuevo, es decir, un crecimiento del 66,7% en superficie cultivada. El aumento es consecuencia directa de haber eliminado el cuello de botella en cosecha, dado que sin la nueva máquina, según explicó, hubiera quedado limitado a una hectárea y no podría haber escalado.

La máquina nueva fue posible gracias a la apertura de los equipos usados con la eliminación del Certificado de Importación de Bienes Usados (CIBU), que les permitió traer una Wolf 280 de origen alemán de 1977, que se usó en Polonia, a bajo costo. Esto posibilitó eliminar todos los cuellos de botella; cuadruplicaron la eficiencia del personal y aseguran que, bajo este nuevo esquema de libertad comercial, el potencial para producir es imparable. Así, redujeron el tiempo de cosecha en un 85% y pasaron de la supervivencia a la expansión directa de su superficie sembrada. La máquina requirió un mes de ensamblaje con la ayuda de un ingeniero de Mar del Plata.

“A medida que crece el cultivo, no lo podés sacar del campo. Cuando está la cosecha hay que cosecharlo rápido, porque si se pasa pierde propiedades y el cervecero elige no comprarte”, explicó Viana, quien junto a su socio se toparon con una limitante que era el tiempo de cosecha.

Con la nueva máquina redujeron el tiempo de cosecha en un 85%

Cerca del 80% del lúpulo que utilizan los cerveceros artesanales es importado, ya que la producción local suele abastecer a grandes jugadores —como Quilmes— y deja poco margen a los pequeños productores. “Cada vez que se hacía cerveza, lo más caro era el lúpulo”, narró.

Al no existir industria nacional para este tipo de maquinaria, contó, el emprendimiento dependía de un prototipo local que habían fabricado, pero que había quedado obsoleto. Las jornadas eran extenuantes. “Hacíamos jornadas de 18 horas de trabajo. Para esa máquina usábamos seis personas y procesaba apenas 25 guías por hora. Salía con mucha hoja y necesitábamos gente clasificando. Si seguíamos así, nos fundíamos; era poner plata todo el día para sostener un cultivo sin rentabilidad”, confesó el productor.

Multiplicó su producción de lúpulo

Con la idea en la cabeza de una oportunidad en el sector fue que se embarcó junto a su socio a apostar por el cultivo en Río Negro, pero el crecimiento lo enfrentó a la falta de tecnología adecuada. “No hay muchos productores de lúpulo, son contados con los dedos. Los que hay generalmente son para las grandes industrias. Van a lo grande, que es una parte de El Bolsón y un porcentaje chico queda para los productores locales», aseveró.

Rubén contó su historia de emprendedurismo

Con el apoyo de un esquema de financiamiento y los trámites aduaneros gestionados por su socio, Viana pudo importar la cosechadora. La máquina se pagó en cuotas por más de 30.000 dólares, junto con otra máquina y accesorios que incrementaron el precio total de la inversión. “La habían dejado parada. Es irrompible y lo que se rompe es fácil de arreglar”, aseguró y contó que armar la máquina era un “rompecabezas”.

La diferencia operativa fue inmediata: la nueva máquina clasifica automáticamente, separa hojas y tallos mediante turbinas, conduce el cono limpio hacia el secador y tritura la guía vegetal, que luego se reutiliza como abono tras un proceso de estacionamiento de ocho meses. “Antes necesitábamos jornadas interminables. Hoy, en un turno de ocho horas con cuatro personas, está bien. En 24 horas hacemos lo que antes en siete días”, repasó.

Un trabajador que ayuda a los productores en la producción

El impacto no fue solo en tiempos, sino en estructura de costos y capacidad de negociación. “Con la máquina anterior trabajábamos mucho para que nos pagaran poco. Ahora podemos pedir un precio más acorde. Sin esta máquina no podríamos crecer. Ahora podemos pensar en otra escala”, afirmó.

Parte del lúpulo se utiliza en el propio emprendimiento turístico —cabañas, hostel, bar cervecero y parque gastronómico a 800 metros del río—, aunque no supera el 10% de la producción. El resto se comercializa en Viedma, General Roca y Neuquén.

El impacto no fue solo en tiempos, sino en estructura de costos y capacidad de negociación

Viana proviene de una familia de panaderos y contó que la idea del negocio fue de su socio. “Me dijo: ‘Tengo esta idea, ¿me acompañás?’. Pensé que era más fácil. Perdimos cosechas, se morían plantas. Aprendimos con teoría y práctica. Tenemos un equipo que es el motor de la chacra: los empleados que trabajan conmigo. La máquina complementa, pero el motor son ellos. Tuvimos ingenieros que trabajaron con Quilmes y uno que viaja fuera del país y nos dio una mano grande, pero sin los laburantes seríamos uno más”.

Su caso fue rescatado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, en las redes sociales, donde mencionó que esta apertura fue posible a través del CIBU. El salto productivo, sostuvo, no es un caso aislado. “Después los economistas se sorprenden por el boom de exportaciones con este tipo de cambio. Cuando te dejan invertir y producir, el país responde”, afirmó.

Mientras amplía el secadero —que ya quedó chico tras la última cosecha—, según contó, espera que la llegada de la “Ferrari” se pueda replicar en el país. “Ojalá venga una industria y diga: quiero copiar la máquina. Bienvenido sea. Que venga, que saque fotos, porque eso va a ampliar oportunidades. Acá necesitamos más desarrollo y más oportunidades para los productores de lúpulo», indicó.

Contó que ahora que tienen la oportunidad de crecer, ven que todo el esfuerzo está dando sus frutos. “Ves lo que cuesta todo el año trabajar y muchas veces ves que llega fin de año y todo ese esfuerzo no fue rentable y tenés que volver a empezar el año con lo mismo, sin quedarte en el camino. Muchos no están más, porque no pudieron seguir. Es feo ver que alguien que se sacrificó tanto no puede seguir creciendo», remató.

Más noticias
Noticias Relacionadas