Por Luis Hernán López
Sinsacate. La lluvia quiso por un año más inmiscuirse entre el protocolo y las ansias de llevar adelante el acto que conmemoró ayer el 191° aniversario de la tragedia de Barranca Yaco. Sin embargo, con el agua que caía del cielo a baldes, los organizadores lograron plasmar todo lo descripto en las glosas y la banda de la Gendarmería resonó en las antiguas paredes de «La Posta de Sinsacate», cuya galería acogió a más de un centenar de personas que se agolparon para homenajear a Facundo Quiroga, José de los Santos Ortiz, al niño postillón oriundo de Villa del Totoral, José Luis Basualdo, y al resto de la comitiva, que fuera salvajemente masacrada el 16 de febrero de 1835.
Esa antigua galería pareció ser preparada inconscientemente para plegarse a la voz de la soprano Sara Fleming, quien interpretó «Aurora» y el «Himno Nacional». La voz lírica atravesó el espacio abierto del paraje y transformó la ceremonia en una escena casi teatral, donde cada estrofa parecía dialogar con la geografía. El canto se mezcló con el rumor de la lluvia, con el sonido de los árboles y con la sensación de que, en ese instante, la historia dejaba de ser un relato escrito para convertirse en una experiencia vívida.
Los discursos, el intercambio de presentes, el baile de los folcloristas, la llegada de las agrupaciones gauchas, el descubrimiento de placas y hasta los choripanes previstos, pudieron concretarse en una mañana plomiza y un poco fresca; pero el sol salió y las caravanas de entusiastas partieron a Barranca Yaco.
El territorio como memoria viva
Barranca Yaco no es un museo. Es un territorio que respira pasado. Cada sendero, cada monte, cada tramo del viejo camino conserva la huella de conflictos, acuerdos y proyectos políticos que moldearon el mapa argentino.
El izamiento de la bandera puntana resignifica ese espacio como un lugar de encuentro entre memorias provinciales. No sólo recuerda una masacre, sino que revela la trama colectiva que dio origen al federalismo, una construcción hecha tanto de espadas como de ideas, de batallas y de acuerdos.
Durante casi dos siglos, el relato histórico colocó el foco central en la figura del líder riojano, transformándolo en un símbolo de las tensiones entre civilización y barbarie, entre centralismo y autonomías provinciales. Sin embargo, la presencia de Ortiz en ese episodio revela la existencia de una trama política más compleja, vinculada a la construcción institucional del país.
La disputa por el orden nacional
José de los Santos Ortiz representa una figura singular dentro del escenario federal. Formado jurídicamente en la Universidad Nacional de Córdoba, su trayectoria combinó el pensamiento legal con la praxis política. Su rol excedió la función de colaborador: participó activamente en negociaciones interprovinciales, redactó acuerdos de pacificación y elaboró fundamentos jurídicos que buscaban dotar de estructura normativa al proyecto federal.
Su presencia junto a Quiroga en el viaje final permite interpretar la emboscada de Barranca Yaco como algo más que la eliminación de un caudillo. Desde una perspectiva historiográfica, el ataque puede leerse como un quiebre en un proceso político que intentaba articular un modelo institucional alternativo al predominio centralista.
El silencio de la historia
La ausencia prolongada de la bandera puntana en el sitio histórico expresa, en términos simbólicos, el modo en que ciertas figuras quedaron relegadas en la narrativa nacional. Mientras la memoria colectiva consolidó la imagen heroica o polémica de Quiroga, el protagonismo de Ortiz permaneció diluido, pese a su participación en decisiones estratégicas vinculadas a la organización del territorio y al equilibrio entre las provincias.
El acto, al incorporar el pabellón sanluiseño junto a las banderas de Córdoba y La Rioja, resignifica el espacio de Barranca Yaco como un punto de encuentro entre memorias provinciales y como un recordatorio del carácter colectivo que tuvo la construcción del federalismo.
Relecturas del federalismo
Desde una mirada contemporánea, la reivindicación de Ortiz invita a revisar el proceso de formación del Estado argentino como una construcción colectiva y conflictiva, donde convivieron proyectos políticos diversos. Su accionar evidencia la existencia de dirigentes que intentaron traducir las demandas provinciales en marcos legales estables, anticipando debates que luego marcarían la organización constitucional del país.
El reconocimiento público de su figura no sólo repara una omisión historiográfica, sino que también amplía la comprensión del federalismo como un fenómeno que involucró tanto liderazgos militares como elaboraciones jurídicas e institucionales.
Memoria, identidad y política
El izamiento realizado en Barranca Yaco demuestra que la historia no es un relato cerrado, sino un campo en permanente revisión. La incorporación de nuevos protagonistas al imaginario colectivo permite reconstruir identidades regionales y repensar el origen de las estructuras políticas argentinas.
En ese sentido, el izamiento de la bandera puntana trasciende el homenaje. Se convierte en un gesto que resignifica el pasado y propone una lectura más plural de los procesos fundacionales, recordando que la construcción nacional fue, desde sus orígenes, el resultado de tensiones, acuerdos y proyectos compartidos entre las provincias.
