Las grandes compañías eléctricas tienen claro a día de hoy, y así lo respaldan los datos disponibles, que el ambicioso Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) no va a poder cumplirse. El PNIEC establece los grandes objetivos en relación al mercado energético y la lucha contra el cambio climático para el año 2030. Tanto Iberdrola, como Endesa y Naturgy coinciden en la necesidad de revisar el Plan, visto el retraso en la gran mayoría de objetivos, algo que, a su entender, aconseja su reformulación, adaptando y dimensionando las medidas actuales y, en su caso, incorporando otras. No es la primera vez que los propósitos españoles son sometidos a examen y actualización. Aprobado en 2019, en el año 2024, tras la pandemia de el covid-19, el PNIEC fue modificado al alza. Se decidió agrandar los objetivos establecidos y se añadieron nuevas medidas a las contempladas originalmente.
Fue el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, el primero, hace unos días, en dar el aviso públicamente. «Vamos a ver qué evolución de la demanda podemos prever de una forma razonable y vamos a ver cómo se puede atender esa demanda», aconsejó. Ya cuando en 2024 se optó por ir más allá en los objetivos del Plan hubo voces que advirtieron de que se estaba siendo demasiado ambicioso, de que se pecaba de exceso de optimismo. Aquellas previsiones de entonces no se están cumpliendo, y el sector en estos momentos ya contempla los objetivos del PNIEC como inalcanzables para 2030. Esto es así tanto en la producción, como en la demanda, la distribución y el almacenamiento de energía. Uno de los elementos más aparentes de este retraso es el insuficiente despliegue de coches eléctricos. Ocurre algo parecido con la producción de energías renovables, fundamentales para alcanzar en 2050 la neutralidad climática antes de 2050, o con las interconexiones. Tampoco hay visos de que la producción de hidrógeno verde vaya a dar un salto adelante a corto plazo, puesto que la tecnología aún no es lo bastante eficiente. Todo ello, sin embargo, no debe conducir a la impugnación del diseño y la solidez del Plan, pero sí es necesaria una actualización atendiendo la evolución que se ha venido produciendo para ajustar de forma realista los objetivos. Hay que tener en cuenta que el PNIEC es también un pacto y un compromiso con el resto de países socios de la UE, además de una valiosa e imprescindible hoja de ruta, tanto para la modernización y transformación del modelo energético como para impulsar la transición ecológica.
Uno de los aspectos políticamente más controvertidos al reconsiderar el PNIEC es el de la energía nuclear. La previsión establece el cierre paulatino de las centrales españolas en un período que va desde 2027 a 2035. Parece sensato examinar cuidadosamente este calendario a la luz de los datos y las coordenadas actuales en cuanto a la generación y distribución de energía y la evolución de la demanda. Hay que tener en cuenta, además, que la energía nuclear puede contribuir a alcanzar las metas de descarbonización. Este es un asunto al que el Gobierno y los diferentes partidos deberían aproximarse desde las evidencias, realizando un esfuerzo constructivo por evitar, en la medida de lo posible, una discusión presidida por los prejuicios ideológicos o el populismo. No hacerlo así puede acarrear complejas e indeseables consecuencias.
