Córdoba reforzará su vigilancia sobre el Guadalquivir tras las inundaciones de febrero, combinando predicción meteorológica, cartografía de riesgo y videovigilancia. El río echó un pulso a Córdoba en las últimas semanas. Las intensas lluvias registradas desde enero generaron un escenario que pasará a la historia. La última que se recordaba ocurrió en 2010. Mucho más atrás queda aquel 1963 en el que el agua alcanzó el Campo de la Verdad. Pero si algo está cambiando es la forma en que las administraciones vigilan los ríos y gestionan su posible desbordamiento.
Las autoridades y los servicios de emergencias siguieron, desde los días previos a los desbordamientos, la evolución de los cauces para desalojar las zonas en riesgo. Y eso ha sido posible porque la capital y la provincia cuentan hoy con un entramado de herramientas que combinan predicción meteorológica, medición en tiempo real y cartografía de riesgo. Próximamente, Córdoba contará además con videovigilancia municipal en tiempo real. Un sistema en capas cuyo objetivo no es impedir que el agua suba, sino ganar margen de reacción y reducir daños.
Primera capa: anticiparse a la lluvia
El primer nivel de alerta comienza antes de que el río suba. Los modelos meteorológicos permiten estimar la intensidad y distribución de las precipitaciones con varios días de antelación. A partir de esas previsiones, los organismos de cuenca trabajan con herramientas hidrológicas que permiten evaluar cómo puede traducirse esa lluvia en incrementos de caudal.
En el caso de Córdoba, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir mantiene activo el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), una red de estaciones que registra en tiempo real precipitaciones, niveles y caudales. Aunque el sistema no realiza predicciones por sí mismo, sí proporciona información continua y actualizada que resulta clave para el seguimiento de avenidas y la toma de decisiones operativas.
Datos en tiempo real de los caudales y los niveles de los cauces medidos por el SAIH. / Córdoba
Gracias a esta combinación de previsión meteorológica y control hidrológico, la gestión de crecidas no depende exclusivamente de observar cuándo el agua rebasa un punto concreto, sino de analizar escenarios con mayor antelación.
Segunda capa: saber dónde puede inundarse
La anticipación no solo depende de cuánto llueve, sino de dónde impacta el agua. Aquí entra en juego el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables, impulsado por el Ministerio para la Transición Ecológica en aplicación de la Directiva europea de gestión del riesgo de inundaciones. Su visor cartográfico permite consultar qué áreas presentan mayor peligrosidad según distintos periodos de retorno: escenarios frecuentes, intermedios o extremos.
Mapa de zonas inundables del Sistema Nacional de Cartografía. / Córdoba
En Córdoba, estos mapas dibujan con precisión qué barrios, parcelaciones o municipios podrían verse afectados según la magnitud de la crecida. En el riesgo extremo (de poca probabilidad), el agua alcanza los barrios del Campo de la Verdad y de El Arcángel, por ejemplo.
La herramienta no solo está pensada para técnicos. Cualquier ciudadano puede comprobar el nivel de riesgo de una zona concreta, una información que también resulta determinante en planificación urbanística y en autorizaciones dentro del Dominio Público Hidráulico.
Tercera capa: vigilancia directa sobre el terreno
A este sistema predictivo y cartográfico se sumará ahora la monitorización visual impulsada por el Ayuntamiento de Córdoba. El Consistorio ha anunciado la instalación de cámaras en puntos considerados sensibles, especialmente en áreas donde históricamente el agua rebasa primero los márgenes.
Instalación de cámaras de vigilancia de los niveles del río en Valencia. / Ayuntamiento de Valencia
Las imágenes llegarán a la sala de control de la Policía Local, lo que permitirá un seguimiento continuo sin depender exclusivamente de inspecciones presenciales. Además, el sistema incorporará avisos automáticos cuando el caudal alcance umbrales considerados de riesgo. Con este paso, la ciudad sustituye un modelo más manual, basado en testigos físicos y desplazamientos de efectivos, por otro digital y permanente. La diferencia clave está en el tiempo.
Una gestión en red
Lo relevante no es cada herramienta por separado, sino su conexión. Predicción meteorológica, sensores hidrológicos, cartografía oficial y vigilancia urbana forman un circuito continuo de información.
La tecnología mejora la capacidad de vigilancia, pero no elimina la exposición al riesgo. Córdoba convive históricamente con zonas inundables, y los mapas oficiales muestran con claridad qué áreas son más vulnerables en distintos escenarios. El Guadalquivir seguirá creciendo cada cierto tiempo. La diferencia es que ahora la ciudad dispone de más datos que nunca para anticiparse.
