El Cártel de los Soles se difumina. Su existencia no la niega solo Nicolás Maduro ni lo que queda del madurismo en Venezuela, sino que ahora el mismo Departamento de Justicia de Estados Unidos ha dado marcha atrás. Esta «corrección» supone una toma de distancia de la acusación central que promovió el Gobierno de Donald Trump en 2020 y fue sistemáticamente repetida desde el retorno al poder hasta desembocar en la captura del presidente venezolano el pasado sábado.
El Cártel de los Soles, sostiene ahora el Departamento de Justicia, es un nombre propio de la jerga en el país sudamericano y no una organización delictiva. En el nuevo documento se habla de un «sistema de clientelismo».
Washington también había asegurado que ese cártel estaba asociado con el grupo criminal Tren de Aragua, surgido de una cárcel venezolana, y el Cártel de Sinaloa, para enviar drogas al territorio norteamericano. Y por eso lo designó como «organización terrorista extranjera». Ese fue uno de los fundamentos de los ataques contra las embarcaciones y las acciones que terminaron con la intervención en territorio venezolano. Este rótulo fue respaldado por María Corina Machado y los gobiernos de Argentina, Ecuador, Paraguay y Perú, alineados con la Casa Blanca.
La nueva imputación modificada por la Fiscalía tras la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores, ya no contiene esa narrativa, aunque mantiene los señalamientos al jefe de Estado por tráfico de drogas.
«Cultura de corrupción»
El texto revisado consigna que Maduro «participa, perpetúa y protege una cultura de corrupción en la que poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes». También menciona que estas ganancias fluyen hacia funcionarios corruptos que «operan en un sistema de clientelismo dirigido por quienes están en la cima, conocido como el Cártel de los Soles». En esa mención ya se trata apenas de una red de favores.
Expertos en el tema consultados por The New York Times dijeron recordaron que la nominación había sido inventada por los medios venezolanos en la década de 1990 «para referirse a los funcionarios militares corruptos que recibían dinero del narcotráfico». Antecede incluso a la emergencia del chavismo, en 1999. En su «cambio de opinión», señaló el portal caraqueño Efecto Cocuyo, el Departamento de Justicia «parece haber admitido su error» por «los fundamentos erróneos de este argumento».
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