Una fascinante pieza del patrimonio arqueológico del Valle de Punilla, se encuentra plasmada en la Piedra Labrada de San Buenaventura, en el corazón de las sierras de Córdoba. Se trata de un notable conjunto de petroglifos ubicado sobre una gran pieza granítica horizontal a orillas del Río Yuspe, en la zona de Cosquín.
Estos grabados rupestres, realizados mediante la técnica de percusión o punteado, son un testimonio invaluable de las culturas prehispánicas que habitaron la región, probablemente relacionadas con el pueblo comechingón.
La iconografía del sitio de San Buenaventura presenta motivos variados que se repiten en otros puntos de la cuenca del Río Yuspe, destacándose huellas de aves (como el suri o ñandú), de camélidos y huellas humanas de diferentes tamaños (tres, cuatro y cinco dedos), figuras geométricas y líneas sinuosas, líneas sub-circulares y hileras simples de triángulos, rostros antropomorfos (mascariformes) y representaciones de camélidos.
Algunas figuras parecen estar muy erosionadas por las crecientes del río a lo largo de los años.
La presencia de petroglifos como los de San Buenaventura, junto a morteros rupestres emplazados en afloraciones rocosas, cuevas y aleros cercanos, evidencia un patrón de asentamiento y uso del territorio por parte de los antiguos pobladores. Los morteros rupestres, que datan del Holoceno Medio, se usaban frecuentemente para la preparación de alimentos y se localizan junto a cursos de agua.
El sitio San Buenaventura es fundamental para el estudio del arte rupestre de la región, ofreciendo a los investigadores y al público una visión directa de la cosmovisión y las prácticas culturales de estas sociedades, que utilizaban la roca y el agua como elementos centrales en su imaginario.
El Patrimonio Arqueológico del Valle de Punilla, del que los petroglifos de San Buenaventura son una parte destacada, requiere de una urgente valoración y preservación para proteger estos registros históricos frente a la erosión natural y la actividad humana.
