InicioSociedadEl Sevilla liquida a un frágil Girona con dos contragolpes

El Sevilla liquida a un frágil Girona con dos contragolpes

Y la gente, había 11.000 personas en Montilivi, se marchó dolida porque el ineficaz Girona volvía a caer en los viejos errores. En una esquina del viejo estadio municipal retumbaba el himno del Arrebato cantado por 350 aficionados sevillistas en otro partido que delata la crisis del equipo de Míchel en este desastroso inicio de temporada: tres partidos, tres derrotas, 0 puntos de nueve posibles, hundido en la cola y un parcial terrible de 10-1. Incapaz fue el Girona de frenar las transiciones andaluzas, quien con un par de contragolpes (uno en la primera mitad; otro, en la segunda) sacó un gran tesoro de su visita a Cataluña.

Una tarde veraniega que retrató, de nuevo, los problemas que se detectan en un proyecto en plena construcción. En un mismo día vendía a Miovski al Ranger escocés, hacía salir, minutos antes de iniciar el partido contra el Sevilla, a Ounahi, su nuevo fichaje, y el Girona parecía emitir señales de recuperación -dejó buenos pero nada rentables minutos- para después desplomarse.

Estrellados ante Nylan

El juego mejoró un poco -tampoco era nada complicado-, pero se estrelló contra las manos de Nyland en ataque, aunque el mayor drama volvió a ser su bondad defensiva. De regalo en regalo hasta encajar la tercera derrota consecutiva.

Es una sucesión de errores en todas las parcelas del campo. Primero permite el Girona que el Sevilla se adueña del balón, que bota de forma caprichosa delante de Joel Roca y Arnau. Era la primera estación del caos. Luego, Iván Martín no tiene la inteligencia táctica necesaria -un simple empujón habría bastado- para frenar el contragolpe andaluz, que acaba retratando la desconexión entre Vitor Reis y Àlex Moreno, últimos que aparecen en la foto de un gol que nace, curiosamente, de un córner a favor. Sacó de esquina el Girona, pero no acertó a rematar, preludio del 0-1 finiquitado por Alfon en una jugada que nació al borde del área sevillista y terminó en el hogar de un abatido Gazzaniga.

Justo ocurría a la media hora de partido, coincidiendo con los mejores minutos del equipo de Míchel. Los mejores del curso. Tampoco era difícil teniendo en cuenta el horrible inicio de temporada. Pero Asprilla, con regate y habilidad, estaba chispeante por la banda derecha insinuando disparos peligrosos, Joel Roca se movía con dinamismo por el costado izquierda y Lemar tenía presencia en la media punta. Hasta Iván Martín, desaparecido durante meses, emitía señales esperanzadoras.

Una defensa tenue

Todo quedó truncado por ese contragolpe del Sevilla tan horriblemente defendido que desnudó al Girona, cuya reacción fue buena. A Asprilla, sin embargo, le sobró un regate cuando podía enfocar a la portería de Nyland. Y, de pronto, todo se apagó porque Vargas, con un par de acciones diabólicas, metió el miedo en el cuerpo al equipo de Míchel. De nuevo, el viejo Girona. O el Girona de este agosto.

Alfon, el delantero del Sevilla, marca el 0-1 en la primera mitad superando la oposición de Àlex Moreno, el defensa del Girona, en Montilivi. / Efe / Siu Wu

El peligro estaba en los propios jugadores. Un saque de banda a favor, lanzado por Àlex Moreno, acabó dejando solo a Isaac Romero en el área. Su disparo, seco, furioso, violento, fue escupido con idéntica violencia por el poste izquierdo de un batido Gazzaniga. Vida extra en Montilivi para los locales, que intentaron reaccionar con entereza a ese golpe. Pero no lo consiguieron, débil y frágil como se encuentra ahora mismo. Después del 0-1, cuatro remates del Sevilla, el palo salvador incluido para el Girona, en el último cuarto de hora de la primera mitad.

Revolución sin éxito de Míchel

El partido había empezado con miedo de los dos equipos, ahogados en cola de la Liga. El Sevilla no se complicaba la vida; el Girona, tampoco. Estaba, como pedía su entrenador, «compitiendo» sin regalar goles como sí había hecho ante Rayo y Villarreal. Además, la revolución que había diseñado (nueve cambios con respecto al once de la pasada semana donde solo sobrevivieron Vitor Reis y Joel Roca) demostraba la actividad del técnico de Vallecas en la búsqueda sin fin de una solución a un problema que cada vez es más perverso.

Sus jugadores se lo premiaron con buenos minutos. Pocos, pero buenos. Y también estériles. Aunque es tan amable -una falta hizo en los primeros 45 minutos- que resulta una bicoca para el rival. Solo tiene que esperar su momento. Y el Sevilla, que había cometido seis faltas, aguardó media hora para trazar un contragolpe demoledor.

Ya tenía la fórmula el equipo andaluz. Y la volvió a usar para convertir un patadón defensivo en el área de Nyland como primera asistencia del 0-2 ya que entre Vargas, el chico que regala los goles, e Isaac Romero se merendaron a un desestructurado Girona. Un equipo que se desmoronó.

De contragolpe en golpe hasta la derrota final ensuciando otro buen inicio -o eso parecía- del equipo de Míchel en la segunda mitad. Apenas duró 10 minutos. Resultó, en realidad, todo un espejismo porque no había capacidad defensiva para detener las transiciones. No había frontera alguna.

En el 0-1 fue la pelota de área a área. En el 0-2, más de lo mismo. Míchel intervino con un triple cambio dando entrada a Hugo Rincón por Arnau, Blind por David López y Ddawda Camara por Stuani. No tocó el técnico el dibujo. Solo cambió de piezas. Y cuando creía hallar algún hilillo de vida apareció Nylan para quitárselo de golpe.

El Sevilla, a lo suyo. Interrumpiendo el partido cuando tocaba transformado, otra vez, en la versión más bilardista. Y cuando Dawda Camara se inventó un soberbio cabezazo a la salida de un córner, topando con la mano izquierda de Nyland, el mismo que había frustrado antes la gran ocasión de David López, también en acción a balón parado. Cuando el Girona intentaba levantarse no sabía ni podía batir al veterano portero noruego. A sus 34 años, sostuvo en los momentos delicados a sus compañeros deprimiendo, aún más, al equipo de Míchel

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