A veces los lugares más pequeños, esos que parecen quedar en un rincón del mapa, son capaces de guardar secretos que sorprenden al mundo. Eso ocurre en Belalcázar: una localidad cordobesa de poco más de tres mil habitantes, que sin proponérselo se ha convertido en punto de referencia para la mineralogía internacional. El motivo tiene nombre propio: alcantarillaíta, un mineral tan raro que hasta la fecha no se ha encontrado en ningún otro lugar del planeta.
La historia arranca en la mina Alcantarilla, situada a 8,5 kilómetros al este del pueblo. En su día fue un enclave minero activo gracias a la explotación de wolframita, especialmente en los años cuarenta y cincuenta, cuando el precio del tungsteno se disparó por la Guerra de Corea según explican desde el Mindat.org: la base de datos de mineralogía de acceso abierto del Hudson Institute of Mineralogy.
Entre vetas de cuarzo y restos de arseniuros, los investigadores comenzaron a observar formaciones que no encajaban con nada conocido.
Durante un tiempo, incluso se pensó que podía tratarse de filotungstita, aunque los propios estudios dejaban claro que se trataba de algo distinto.
La confirmación llegaba en 2019, cuando la Asociación Internacional de Mineralogía (IMA) reconocía oficialmente la alcantarillaíta como una nueva especie posicionando a Belalcázar en los manuales científicos de todo el mundo.
Así es la alcantarillaíta
Visualmente resulta llamativa: su color es un amarillo canario muy intenso, con un brillo vítreo que le da un aspecto casi cristalino. Al observarla bajo el microscopio aparecen microcristales laminares y tabulares, algunos con apenas un cuarto de milímetro de tamaño, que se agrupan en estructuras divergentes.
Su composición química es compleja: un arseniato de calcio, hierro y wolframio que pertenece al grupo de los minerales secundarios. Se forma a partir de la alteración de arseniuros (probablemente löllingita) en presencia de minerales de wolframio. Y aunque existen parientes cercanos como la walentaíta, lo que hace única a la alcantarillaíta es la combinación de elementos
Un tesoro escondido en Belalcázar
conocida como Nuestra Señora de las Alcantarillas o Ventosilla, la mina Alcantarilla también cestuvo en funcionamiento apenas unos años: se calcula que llegaron a obtenerse unas 30 toneladas de mineral, aunque lo más valioso, visto desde hoy, no era el tungsteno sino la inesperada aparición de este nuevo compuesto.
Muchos trabajaban bajo un sistema llamado de “sacagéneros”: la empresa les prestaba herramientas y ellos lavaban el mineral, vendiéndoselo después a la compañía.
Belalcázar está situado sobre el batolito de Los Pedroches: un gran cuerpo de rocas ígneas que recorre más de 200 kilómetros entre Badajoz, Córdoba y Jaén.
Es dentro de ese «marco geológico» donde se encuentra el plutón de Santa Eufemia: un entorno en el que se concentran vetas de cuarzo con wolframio y arseniuros de hierro. En esas cavidades microscópicas, es donde se han formado los cristales de alcantarillaíta que hoy fascinan a los científicos.
Junto a este mineral se han descrito también otros secundarios poco comunes en España, como la karibibita, además de azufre nativo con trazas de selenio y pequeños granos de bismuto.