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José Manuel Soto, cantando por el camino

José Manuel Soto

Lo mismo insulta a Pedro Sánchez que compone un himno romanticón, lo mismo se cachondea del incendio de Notre Dame que se mete a empresario turístico. José Manuel Soto, buscabullas en las redes, derechoso, topiquín, andaluz profesional, buen cantante. Faltón, polémico. Hombre de esa aristocracia farandulera, flamenca y taurina; esa clase de estirpe que lleva doce generaciones oponiéndose a una reforma agraria.

Más pretensiones que fortuna. Se sube más a la actualidad política que a los escenarios. Los ayuntamientos de izquierdas lo ignoran. Los de derechas le dan bolos que pueden llegar a convertirlo en rey de las fiestas locales. No importa cuándo o dónde cante: siempre acaban pidiéndole el Por ella, temazo de 1986 que versionaron Roberto Carlos o Los del Río.

José Manuel Soto Alarcón, cordobés del 61, es padre de tres hijos, está casado con Pilar Parejo Zabala, con quien lleva más de 37 años desde que se conocieran en el Instituto. Está de actualidad porque la Oficina Antifraude canceló un contrato de 15.000 euros entre la Junta de Andalucía y el cantante para montar un proyecto que pretendía hacer de los Caminos del Rocío una especie de Camino de Santiago.

Yo lo veo más en La Isla de las tentaciones. O en cualquier concurso del estilo. Daría juego, pondría (esa es la virtud de un buen personaje) a unos de los nervios y a otros, tiernos. Nada de indiferencias. En polarizar está la virtud, visto lo visto de cómo está el panorama. El panorama, España, Europa y el mundo de los Trump.

Soto ha cobrado dos subvenciones que suman 550.000 euros. Y luego critica a los artistas de izquierda, de la ceja, del cine, por estar subvencionados. El cantante facturó a través de su empresa de conciertos, que según él mismo ha reconocido, no está preparada para tales menesteres. El grupo político Por Andalucía ha llevado todo este asunto a los juzgados.

José Manuel Soto, también influencer de la moda, nadie usaba fachalecos cuando él comenzó a llevarlos, se ha metido a empresario singular y en realidad lo que todos queremos es que se deje de caminos rocieros o santiaguiños y nos explique a quién iba dedicada la canción Por ella, que las especulaciones han sido a lo largo de los años más abundantes que las que se hacen cuando hay que elegir a un nuevo Papa o a un nuevo seleccionador nacional.

El Juzgado de Instrucción 10 de Sevilla ha pedido a la Junta de Andalucía que aclare esa citada subvención de más de medio kilo para el proyecto Senderos del Rocío«Hay gente mal informada y malintencionada que ven en mí una oportunidad para desgastar al gobierno del presidente Juanma Moreno», ha dicho en redes en referencia a la izquierda andaluza. «Llevo 40 años de carrera y no necesito favores de nadie», aduce Soto, que irónicamente comenta que algunos lo han llamado «fascista peligroso». No es ni una cosa ni, sobre todo, la otra, las palabras se usan muy alegre y aviesamente (a la vez). Entre otras cosas porque tampoco tiene tanta relevancia.

Para demostrar que lo suyo es cantar, y lo nuestro es pasar, Soto anuncia una gira por todo el país y que lo llevará, por ejemplo, a Zamora el día 16 de marzo. Demostrando así que no solo se le detesta o ama en Andalucía. Los caminos del señor Soto son inescrutables, pero algunos caminos del contrato han llevado a las sospechas.

Sospechamos que todo puede quedar en nada pero ha dado el cante con un contrato, una subvención, quizás demasiado elevada, de un montante nada despreciable. Los ayuntamientos de izquierdas no lo van a contratar en la vida. Ignoran o no que una feria o fiesta con José Manuel Soto es garantía de resonancia. La programación musical de una feria municipal es una forma poco estudiada de sectarismo, si bien ya todos los consistorios se han rendido a Joaquín Sabina, a quien contrataban conciertos hasta los de Ciudadanos.

José Manuel Soto es un tuitero tenaz que ha entendido esa red y que combina homenajes musicales con comentarios politizados, ora suaves, ora injuriantes, por los que alguna vez ha tenido que pedir perdón. Propicio al calentón. Qué arte.

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